La Biblia dice en Proverbios 26:13

Dice el perezoso: El león está en el camino; el león está en las calles.

Introducción

La pereza, flojera, holgazanería e indolencia es fustigada, reprobada, censurada y condenada en la Escritura, pero mayormente y con gran severidad en todos los libros de sabiduría del pueblo hebreo tanto los canónicamente aceptados por judíos y cristianos como en la literatura rabínica de todos los tiempos.

Salomón dedica en el capítulo veintiséis cuatro versos al tema para mostrar lo singular, absurdo y contradictorio que representa vivir en esa lamentables condición de inacción y para precisar los funestos resultados para quien decide hacer de su vida una existencia entregada al ocio y la disipación.

Comenzamo a partir de hoy un de los tópicos más importantes para el rey Salomón, quien escribió los Proverbios justamente para evitar que el pueblo judío permitiera holgazanes entre sus ciudadanos toda vez que resultan no solo un mal ejemplo, sino también una carga no solo para sus familias, sino para las propias autoridades.

El deseo del rey sabio de Israel es hacer de cada persona, hombres y mujeres, seres emprendendores, con iniciativa para salir adelante, para enfrentar retos y desafíos y huir de la indolencia que tanto daño hace a quienes en lugar de ponerse a trabajar se empeñan en no hacer nada de sus vidas.

Para el pueblo judío y para muchas otras culturas, la pereza constituye un agravio, un atentado a las buenas costumbres y una expresión grosera del ser y quehacer de cada individuo porque el diseño que Dios hizo del hombre como criatura fue exactamente el del trabajo y responsabilidad.

El flojo es un ser irresponsable porque no mira su futuro y no construye absolutamente nada para su futuro porque no le interesa y para intentar salvar su honra pone pretextos, pero esos pretextos lo vuelven rídiculo porque son tan exagerados que resultan una grosería ante otras personas que frente a los mismos obstáculos han salido adelante en su labor.

Salomón nos ofrece justamente este ángulo de la pereza. El de la exaltación de los obstáculos y los retos.

Instrucciones para tiempos sinrazón

La instrucción de reprobar los pretextos de la pereza
A. Porque sus pretextos agigantan los obstáculos
B. Porque sus pretextos enaltecen los desafíos

Vivimos tiempos en los que la sociedad ha entrado de lleno a una cultura del mínimo esfuerzo. Teléfonos inteligentes, televisores inteligentes, comida rápida, transportes veloces que reducen tiempos de traslado y otras tantas actividades humanas donde la comodidad da paso a un estado en el que hacer menos se vuelve parte de la existencia.

En este espacio o en esta clase de medio florecen o se multiplican los perezosos, aquellos a los que la tecnología los arroja directamente a la holgazanería porque además de entrenerlos, les regala miles de razones para no hacer absolutamente nada de su vida y los lleva a arrojarse por completo a una vida llena de flojera.

Pero la pereza es injustificable y quien la quiere normalizar o presentar como algo natural hace un gran rídiculo como nos muestra Salomón con este proverbio que hoy meditamos para beneficio de nuestra vida.

A. Porque sus pretextos agigantan los obstáculos

La primera parte del proverbio que hoy reflexionamos dice: El león está en el camino. Es claramente un pretexto que el flojo hace para no trabajar. El riesgo que conllevaban ciertas actividades parece ser la justa coartada para quienes simplemente no quieren hacer nada por sus vidas.

Toda actividad humana tiene riesgos. Desde que nacemos hasta que morimos todos los seres humanos corremos riesgos. Se corre peligro hasta en los lugares donde las personas se sienten más seguras o creen estar más seguras y esa nunca será un justificación válida para cruzarnos de brazos.

Y es justamente el problema o mal de la pereza que los pretextos agigantan los obstáculos, aun cuando esos retos o desafíos sean muy sencillos de realizar, pero cómo se tiene mucha pereza se pone como pretexto que en la travesía para lograr propósitos o alcanzar metas encontraremos grandes males o enormes diques.

La figura retórica empleada por Salomón no puede resultar más que exacta para retratar a quienes la cultura del esfuerzo y trabajo no les entra y su piel es dura para dejar su comodidad y disipación para entregarse a una labor que los vuelva útiles y que los convierta en personas de valía.

Salomón quiere que sus lectores aprendan que no hay reto ni desafío más grande que pueda contra la determinación de hacer algo por uno mismo y que cualquier pretexto por más rídiculo que parezca será la justificación más simple para deshacernos de cualquier clase de responsabilidad que demande dejar la pereza.

B. Porque sus pretextos enaltecen los desafíos

La segunda parte de nuestro proverbio dice de la siguiente manera: el león está en las calles. El perezoso es grotesco a la hora de intentar justificar su inacción, recurre a argumentos cómicos y presenta excusas absurdas con tal de mantenerse en su estado de negligencia y necedad.

Y es entendible, pero injustificable que recurra a esta clase de incogruencias porque le permiten presentarse como una víctima de las circunstancias porque el perezoso no es culpable de nada. Él podría hacer muchas cosas, pero su entorno no lo deja, su realidad no le permite salir de su condicion porque “el león está en las calles”.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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