La Biblia dice en Proverbios 25:26

Como fuente turbia y manantial corrompido, es el justo que cae delante del impío.

Introducción

La lucha contra la maldad por parte del justo es todos los días. No tiene respiro, ni tregua alguna porque el mal no descansa, siempre acecha al justo, siempre trata de hacerlo tropezar, entendiendo al mal como todo lo que se opone a Dios, a sus mandamientos y a sus eternos propósitos. 

La Escritura nos muestra que esta guerra perpetua se libra desde los mismísimos orígenes del mundo, cuando Adán y Eva fueron puestos en el huerto del Edén, el maligno apareció y usó a la serpiente para hacer caer al hombre en pecado y desde entonces así ha sido a lo largo de toda la historia. 

El mal tiene un origen y no es Dios. El libro de Job nos muestra que el diablo es el agente propulsor del mal junto con sus millones de demonios caídos que lo acompañan en la misión de dañar lo más posible los eternos propósitos del Creador, sin que puedan realmente lograrlo, pero sí influenciarlo o de plano tratar de detenerlos. 

Y ese es justamente el tema de la Biblia, el origen del mal, sus consecuencias, sus agentes y su fin porque el mal no es eterno, no tiene esa característica, ni mucho menos poder. No tiene ese alcance y por esa razón se esmera en hacerle daño a los seres humanos que en ocasiones luchan contra él sin saberlo o ignorando que se encuentran bajo su fuego. 

El maligno usa diferentes medios y utiliza diferentes instrumentos para sus fines. Los hombres o mujeres son a veces sin saberlo o conscientemente empleados del maligno y provocan daños a la humanidad de una manera brutal como lo podemos ver en personajes como Hitler y otros muchos más. 

El primer gran objetivo del maligno siempre es el justo. La historia de Abel y Caín nos muestran que el maligno no destruyó a otro, sino a ese hombre justo usando a su propio hermano y desde ese tiempo la historia se repite una y otra vez y la Biblia nos da testimonio de ello. 

Salomón nos recuerda esta verdad, pidiendo a sus lectores que no se dobleguen, no caigan, temblar, ceder o tropezar ante el malvado. Es un llamado a no rendirnos ante el mal. 

Instrucciones para tiempos sinrazón

La instrucción de resistir ante la maldad

A.    Porque ensucia al justo

B.    Porque corrompe al justo

El hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios, pero el pecado lo llevó a una condición lamentable porque pervirtió su propósito y se dejó llevar por sus pasiones más bajas de tal manera que su corrupción moral llegó a niveles insostenibles ante la justicia y la santidad del Señor que tuvo que aniquilarlo con el diluvio, del que solo se salvaron ocho personas. 

Noé salvo y se convirtió, dice el apóstol Pedro, en un pregonero de justicia porque a pesar de la maldad imperante se mantuvo firme en sus convicciones y literalmente salvó al género humano de su extinción en un hecho que nos muestra lo salvaje que resulta la maldad en hombres y mujeres que los lleva a la destrucción.

Por su puesto que no es una lucha fácil la batalla contra la maldad. Su influencia, sus tentadores placeres y sobre todo la posibilidad utópica de vivir sin Dios son ofertas que muchos no rechazan aunque sean falsas o no tengan ninguna viabilidad. Hombres como David, Asaf y otros batallaron y tuvieron flaquezas ante el mal, pero perseveraron.

Salomón nos llama a luchar contra la maldad y nos ofrece uno de los muchos resultados de dejarnos derrotar o de no pelear contra lo malo que hay en este mundo y rendirnos en esa batalla. 

El sabio rey de Israel hace dos comparaciones que veremos más adelante para explicar lo que sucederá o sucede cuando un justo cae ante un malvado. La palabra caer procede de la raíz hebrea “mot” que es rica en signifcados todos relacionados, resbalar, temblar, flaquear, mover, conmover, tambalearse, ceder y caer. 

Salomón nos está diciendo lo que ocurre cuando un justo se intimida ante el malvado para dejar su estilo de vida y dejarse influenciar por él. 

A. Porque ensucia al justo

La primera figura que usa Salomón para llevarnos a considerar lo que ocurre cuando un justo tropieza o se mueve de su estilo de vida ante una persona mala es “fuente turbia”. La palabra fuente nos remite a un manantial o pozo de agua que es solamente útil cuando el agua que contiene esta reposada. 

El agua turbia no sirve para consumo humano porque puede contener particulas extremadamente dañinas. 

Es es el primer ejemplo que Salomón nos da para hacernos ver que un justo que cede ante un malvado lo primero que ocurre es que se ensucia y en consecuencia pierde su distintivo y por su puesto su utilidad en esta vida ya que así como un pozo sucio no sirve así un justo pierde su esencia cuando se deja arrastrar por la influencia de un malvado. 

En el libro de Levítico encontramos muchas leyes ceremoniales, pero también leyes relacionadas con la limpieza que debían de seguir los judíos porque Dios los quería además de santos, limpios. Un justo se caracteriza por vivir una vida limpia ante Dios, pero cuando sucumbe ante los malvados comienza a ensuciarse. 

El mismo libro de Proverbios nos dice claramente que un hombre que cede ante el malvado le ocurre los del perro que vuelve a su vómito y como la puerca lavada que se ensucia de nueva cuenta en el cieno. Son dos figuras hasta asquerosas, pero que dibujan claramente lo que sucede cuando nos dejamos arrollar por la maldad. 

B. Porque corrompe al justo

La segunda figura poética que utiliza el proverbista es “manantial corrompido” que tiene una connotación superior que la primera porque puede ser sumamente peligrosa el agua de una fuente o un pozo que esta corrompida. Generalmente el agua estancada se descompone. 

La figura retórica o poética que usa Salomón es muy descriptiva para señalar que el justo que resbala o cae ante un malvado se corrompe, es decir se descompone y la vida lo lleva a una condición extremadamente lamentable porque se vuelve peor que un malvado y alcanza los niveles de los hombres prediluvianos. 

La intención de Salomón es resaltar la importancia de no renunciar, ni claudicar ante el mal y sus representantes: los malvados, sino al contrario luchar, pelear y batallar hasta el final para obtener las bendiciones y promesas que Dios ha anunciado para quienes no se dejan dominar por el mundo y sus deseos. 

Cuando Jesús vino a este mundo, el diablo quiso que renunciara a luchar contra el mal y en la tentación le ofreció todo sin sufrir, pero Jesús estaba determinado a luchar contra el mal y finalmente lo vención, su lucha, su determinación y su victoria serán siempre nuestro aliciente en esta vida.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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