La Biblia dice en Proverbios 25:20

El que canta canciones al corazón afligido es como el que quita la ropa en tiempo de frío, o el que sobre el jabón echa vinagre.

Introducción

Nos ha tocado a todos un mundo donde el sufrimiento lo encontramos en todas partes. En algunos lados es más intenso, pero en la tierra los padecimientos los descubrimos en sociedades con vastos recursos, pero también en lugares de mucha estrechez económica y afligen por igual a pobres y a ricos.

En este mundo hay tragedias personales y desgracias colectivas. En todo el planeta avistamos guerras, hambrunas, temblores, huracanes, ciclones, tusnamis y toda clase de fenómenos que traen consigo mucho dolor a quienes viven en diferentes puntos del orbe y que tienen que lidiar con esas circunstancias.

Cuando una persona está sufriendo su ánimo está decaído. La muerte o la enfermedad por ejemplo nos roban el aliento, nos quitan hasta las ganas de vivir y en esos momentos uno desea encontrar respuestas a tantas y tantas preguntas que golpean nuestra mente, pero parece que no hay una sola respuesta.

En medio de este panorama tan desolador, el sabio Salomón nos indica cómo debemos conducirnos ante el dolor ajeno. Nos pide mucho tacto para evitar hacer más duro o prolongar más la tribulación de cada hombre o cada mujer que está atravesando momentos de gran tensión emocional.

De manera inconsciente podemos hacer sufrir más a las personas si descuidamos nuestras palabras y nuestras actitudes y justamente de ese grave y negligente descuido es que nos va hablar el sabio rey de Israel para que aprendamos a convivir con quien sufre a causa de adversidades que han llegado a su vida.

Se trata de prestar atención, tener mucha precaución y entender que una persona que está en un proceso de dolor está viviendo un drama y nosotros debemos respetar su situación, debemos percatarnos de lo que está sucediendo en su vida y abstenernos de generarle más tristeza de la que ya vive.

Salomón nos lleva a reflexionar sobre la necesidad de ser solidarios, empáticos y no caer en la impertinencia, ni en la insensibilidad ante el dolor de nuestro prójimo, sino ser precavidos, cautelosos y cuidadosos ante las penurias de los otros, ante el dolor que viven y ser muy, pero muy, atentos con el duelo que vivan los demás.

Instrucciones para tiempos sinrazón

La instrucción de respetar el dolor ajeno
A. Para abrigar al que padece
B. Para no intensificar el dolor

La frase “cantar canciones al corazón afligido” es una figura retórica utilizada por Salomón para hacernos ver algo que comunmente ocurre en este mundo, personas que en lugar de ayudar al afligido profundizan sus lamentos, en lugar de ponerse en su lugar lo atormentan más y en lugar de ponerse en sus zapatos, lo zahieren con sus palabras o acciones.

No se debe pensar que es una expresión literal porque de ser así sería necesario cantar a quien sufre porque en realidad se refiere a hechos y actos que se hacen a personas que están en momentos de apremio y dificultad, padeciendo dolores ya sea por la muerte de un ser querido, una enfermedad o una calamidad.

Vivimos momentos llenos de sufrimiento en este mundo que debemos atender las palabras de Salomón y aprender a respetar el dolor ajeno.

A. Para abrigar al que padece

Para hacer comprensible que es lo que sucede cuando una persona no se fija en lo que dice o hace ante una persona que está sufriendo y emite comentarios fuera de lugar o que le revictimizan Salomón recurre a un ejemplo sencillo que nos puede ayudar grandemente a comprender lo que estamos haciendo.

“Es como el que quita la ropa en tiempo de frío”. Los inviernos en Israel son crudos por su cercanía con el desierto. Es impensable vivir o pasar en temporada de frío sin prendas abrigadoras. Sueteres, chamarras, chalecos, bufandas, gorras y guantes forman parte de la ropa en lugares donde el frío alcanza temperaturas menos cero grados centígrados.

Y ni qué decir de colchas, cobertores y cobijas para domir que son indispensables para que las noches friolentas sean llevaderas en esos lugares o temporadas cuando las bajas temperaturas hacen necesario contar con un lugar acogedor para enfrentar el inclemente frío del invierno.

Pensar que se puede vivir sin esa clase de prendas es sencillamente una locura o ir contra la lógica. No se puede estar en ningún lugar con prendas que no nos cubran.

Salomón dice que una persona que no respeta el dolor ajeno es parecida a alguien que quita la ropa de invierno en plena temporada de bajas temperaturas, lo que nos hace ver que una persona que está sufriendo no necesita que se le diga o recuerde su situación, sino al contrario “darle cobijo”, brindarle calor humano para hacer llevadero su trance.

La gente que está paddeciendo le urge quien se empática con ella, no quien se burle de lo que está pasando. Salomón quiere que los lectores de Proverbios sean muy sensibles y solidarios con ellos y les brinden su empatía para que puedan sentir “cobijo” ante su situación.

B. Para no intensificar el dolor

La segunda comparación que Salomón hace es la siguiente: el que sobre el jabón echa vinagre.

Algunas versiones traduce la frase como “el que sobre la herida echa vinagre” para darle sentido a la frase anterior que habla de ahondar el padecimiento de quien esta viviendo una desgracia. Pero otras mantiene la combinación entre el jabón y vinagre, una mezcla por demás peligrosa y en ocasiones que no se tiene cuidado, muy dañina.

Algunas versiones en lugar de usar jabón usan el vocablo lejía que es un precursor del jabón y al mezclar la lejía con el vinagre el resultado es el cloro que si no se utiliza adecuadamente o si no se trata correctamente produce grandes y graves heridas a quien o quienes manejan esos productos.

Y ese es justamente el sentido con el que Salomón usa la frase. Una persona que no respeta el dolor de los demás produce grandes heridas en la vida de ellos y por esa razón debe tener mucha precaución a la hora de hablar o decirle algo a quien está sufriendo. En esos momentos las palabras o acciones que se hagan o se digan quedarán grabadas en el corazón.

Si no tenemos cuidado podemos herir todavía más a las personas que tiene un conflicto que los hace sentir mal.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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