La Biblia dice en Proverbios 25:28

Como ciudad derribada y sin muro es el hombre cuyo espíritu no tiene rienda.

Introducción

Nos han tocado vivir tiempos con una sociedad con pocas restricciones. Conforme avanza el desarrollo de la humanidad, los candados, límites y fronteras a la conducta humana desparecen y los seres humanos vivimos momentos donde todo está permitido y lo que antes se sancionaba y condenaba hoy se aprueba y se promueve.

La libertad se torna en libertinaje con una rapidez que nos deja pasmados. Si hace unas décadas con el movimiento hippie la libertad sexual, tornada en libertinaje sexual vaticinaba excesos sin nombre que hoy en día tenemos al igual que el feminismo que de banderas de igualdad e inclusión pasó a convertirse en un movimiento violento que exige más y más.

Hoy en día los placeres están a la mano. Los dispositivos móviles de telefonía, las computadoras personales y el internet han convertido el placer en algo extremadamente fácil de obtener con tal solo un clic. Es innegable que vivimos una revolución en todos los órdenes.

En un mundo con estas características es relativamente sencillo perder el control de uno mismo y de pronto estar dominado o controlado por cualquier clase de inclinación que nos somete y esclaviza de tal manera que perdamos la capacidad de autogobernarnos o autocontrolarnos.

Gobernarse a sí mismo es una de las consignas que tiene la Biblia porque de esa forma se logra sacudirse de todo aquello que no nos beneficia, de aquellos malos hábitos que tarde o temprano pueden dominarnos y llevarnos por una senda completamente distinta a la que Dios nos ha llamado.

Y Salomón nos ofrece en este verso la posibilidad de reflexionar y meditar sobre un asunto que es vital para la vida de las personas en tiempos donde los límites y las restricciones parecen haber exiliado para siempre y la posibilidad de vivir sin ninguna clase de referente moral, no solo es posible, sino ya no se condena, sino se celebra.

El rey sabio del pueblo hebreo nos acerca a un tema muy relevante para nuestra existencia porque si uno no ejerce dominio o control sobre uno mismo, lo que sea nos controlará.

Instrucciones para tiempos sinrazón

La instrucción del autocontrol
A. Para evitar la vulnerabilidad
B. Para evitar la desprotección

La frase “cuyo espíritu no tiene rienda” se traduce de las siguientes maneras en diversas versiones de la Biblia: “espíritu sin restricciones”, “necia verbosidad”, “sin control propio”, “no sujeta su temperamento”, “no puede controlarse”, “no sabe controlar sus impulsos”, “sin dominio de sí”, “no tiene autocontrol”, “no controla su carácter”, “no sabe dominarse”.

También como “carece de paciencia”, “no domina su espíritu”, “no controla sus impulsos” y “no pone freno a su ánimo”.

Con todas estas frases con que se traduce ese verso, podemos señalar que Salomón nos habla del dominio del carácter, del autocontrol que todas las personas deben asumir para protegerse de sí mismos y de los demás.

La palabra espíritu que usa el proverbista procede de la raíz hebrea “ruaj”, la misma que se utiliza para viento y la misma que se utiliza para referirse al Espíritu del Señor. Sirve para señalar el todo del ser o de la persona, se emplea también para indicar la personalidad de cada individuo.

Y es justamente en ese sentido en el que lo usa Salomón. Para referirse a la personalidad de cada ser humano. Nos va a hablar de los resultados de una persona que no se domina a sí misma y deja que la controle algo externo, ya sea un placer, un deseo, un anhelo que lo desplace y se convierta en un títere.

Al emplear la palabra espíritu, Salomón nos muestra que al momento de una persona dejarse de auto gobernar, lo llega a controlar alguna emoción como por ejemplo la ira o el enojo. La persona que no se domina a sí misma puede quedarse o reducirse al control de la molestia. Lo mismo sucede con el miedo, sino lo controla la persona puede ser sojuzgada.

A. Para evitar la vulnerabilidad

Salomón usa como ejemplo una ciudad antigua que en esos años y por mucho tiempo se guardaba o protegía mediante una alta y enorme barda o muro que la guareciera de los peligros de una invasión de parte de sus enemigos. La muralla china es el mejor y más perceptible de los ejemplos de esta verdad.

A falta de un muro, las ciudades quedaban a merced de toda clase de maleantes, tunantes, ladrones e invasores y es justamente ese el primer ejemplo que Salomón da para referirse a las personas que no puede dominarse o controlarse: son como ciudades o como ciudad derribada.

Una ciudad derribada generalmente era una ciudad arruinada, destruida.
Sin posibilidad de albergar a nadie de manera segura. Y la figura retórica que emplea el proverbista es aleccionadora: una persona, por ejemplo, que se deja dominar por el alcohol es una persona destruida, una persona que se deja controlar por el dinero es un persona codiciosa y avariciosa. Hablo en los grados más extremos de estos males.

Recientemente en México fuimos testigos de un hombre que golpeó a un jovencito de 15 años en una tienda de comida rápida tan solo porque le pidió que esperara su turno. El video de la agresión circuló por todo el país, los medios de radio y televisión hicieron eco y este hombre terminó en la cárcel. Se escondió, pero fue atrapado. Sus negocios fueron también clausurados.

Todo aquello que no podemos dominar nos va a causar grandes males que nos pueden convertir en algo parecido en una ciudad derribada.

B. Para evitar la desprotección

La segunda figura retórica que emplea Salomón es una ciudad sin muro. Una ciudad desprotegida, a la mano de cualquier banda o gavilla de ladrones o saqueadores que podían ingresar sin la menor resistencia y apoderarse no solo de los bienes de los habitantes, sino aun de los propios residentes del lugar.

Salomón expresa de forma poética la dramática situación en la que vive una persona que carece de dominio propio, que no puede controlar sus emociones o que no puede tomar rienda de sus palabras y sus acciones. Es alguien sin ninguna clase de protección que puede ser tomado o invadido por cualquier adversario.

La figura nos lleva a pensar también en lo absurdo e ilógico que una persona se deje controlar por algo o alguien. En los tiempos de Salomón ninguna ciudad se edificaba sin protección. Jericó fue un ciudad amurallada. Jerusalén fue una metrópoli con muros a su alrededor.

Pensar en una ciudad sin protección era simplemente fuera de toda lógica y de idéntica manera resulta una persona que no se controla o se auto regula, sobre todo cuando ya no tiene quien la supervise o quien revisa su actuar. Cuando somos hijos nuestros padres nos guían, pero ya de adultos nadie nos supervisa.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

Deja tu comentario