La Biblia dice en Lucas 11:31

“En el día del juicio, cuando sea cuando se juzgue a la gente de este tiempo, la reina del sur se levantará y la condenará porque ella vino de lo más lejano de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón y lo que hay aquí es mayor que Salomón.”

Jesús utilizó la historia de la reina del sur para ejemplificar el tamaño del interés que uno debe poner en las cosas de Dios. La ubicación de Sabá, que es el lugar de origen de esta emperatriz, muchos arqueólogos la sitúan en la península arábiga y otros más en el norte de África. La realidad es que su viaje fue larguísimo para conocer a Salomón.

Ella había oído de la sabiduría del rey de Israel y encaminó sus pasos hasta Jerusalén donde lo conoció y éste respondió a todas sus dudas sobre los más diversos asuntos quedando impresionada por ello, pero también por la gloria y grandeza que encontró en la casa real del monarca.

A diferencia de sus interlocutores que no mostraban el menor interés por escuchar a Jesús, la reina del sur hizo un largo trayecto para oír la sabiduría Salomón, lo que nos muestra que cuando alguien esta interesado supera con facilidad distancias, horarios, obstáculos y todo aquello que se interponga en el gusto de experimentar algo.

La persona de Jesús es sumamente atractiva, mucho más que Salomón, porque su sabiduría excedía y excede con mucho a la de ese rey de Israel. Hay en sus palabras y expresiones ternura, compasión y bondad infinitas y en sus obras portentos, gloria y grandeza como nunca ha habido en este mundo.

Por ello nada puede ser más valioso que escucharlo, nada puede tener más importancia que seguirlo, nada puede ser más interesante que aprender de sus palabras. En síntesis nada ni nadie puede tener más importancia que el Hijo de Dios que vino a la tierra a mostrarnos el verdadero camino a la felicidad.

Cómo no dejar nuestros gustos, nuestros vanos deseos y nuestras actividades “urgentes” para oírlo. Cómo no dedicarle lo mejor que tenemos, nuestro mejor tiempo, nuestros mejores recursos, si en cada una de sus palabras encontramos vida y paz y descubrimos su infinito amor.

La reina del sur fue a escuchar a un hombre y se movió kilómetros para ello, por qué no mover “cielo y mar” con tal de escuchar a Cristo si es mucho más valioso para nuestras almas lo que él diga, si en sus palabras siempre encontraremos aliento y fuerza para enfrentar cualquier adversidad.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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