La Biblia dice en Lucas 1:29

“María se sorprendió de estas palabras, y se preguntaba qué significaría aquel saludo.”

María quedó impactada por las palabras que el ángel Gabriel le dirigió: Saludos, eres muy favorecida y el Señor es contigo, le dijo y ella se preguntó qué clase de saludo sería ese porque era una conocedora del Antiguo Testamento como lo comprobamos con su Magníficat y en esa sección de la Biblia no se había visto a alguien con esos adjetivos.

María era una mujer ordinaria por eso se sorprendió. Durante su vida nada extraordinario había ocurrido. Había nacido y se había criado como todas las niñas de Nazaret con sus padres y cuando comenzaba su vida adulta había decidido casarse con José, pero antes de que eso sucediese se halló que había concebido del Espíritu Santo.

Según leemos en Lucas ella, además de sorprenderse por la manera en que fue saludada por Gabriel, se preguntó qué significado tendrían las palabras que el mensajero del Señor le había hecho, lo que nos lleva a pensar que María nunca se sintió especial o como una mujer con atributos o características distintas a las demás señoritas de su tiempo.

Ella quería indagar por qué le había dicho Gabriel que era muy favorecida, llena de gracia traducen algunas versiones y, sobre todo, la expresión el Señor es contigo que es una frase anticipaba una encomienda que necesitaría del poder de Dios para llevarla a cabo como en otros hombres y mujeres del Antiguo Testamento.

María sabía perfectamente que Dios estaba con ella. Era una mujer piadosa, conocedora de la palabra de Dios por eso le sorprendió lo que el ángel so lo dijera. No dudó como Zacarías, sino se preguntó hacía donde iban esas palabras. De esa forma hizo lo que todos nosotros deberíamos hacer: comprender el significado de lo que Dios nos dice en su Revelación.

María no se asumió como alguien que supiera todo. Que conociera toda la revelación divina, al contrario quiso saber el sentido de las palabras como ejemplo para nosotros para comprender cabalmente lo que Dios nos señala, sin asumir que todo lo conocemos o que no tenemos necesidad de indagar, interrogar o preguntar.

María no solo era emociones, también era razón. Con mayor razón ante la misión que estaba por entregársele. Ella nos muestra que no se sintió superior a nadie, porque no lo fue, sino que se reconoció como alguien que necesitaba entender lo que se le estaba encomendando para mostrarnos que el uso de la razón no está reñido con la fe.

María se preguntó que sería ese saludo porque eran palabras elogiosas de las que ella no estaba segura de ser digna.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

Deja tu comentario