La Biblia dice en Hechos 5: 39

“Pero si es cosa de Dios, no podrán ustedes vencerlos. Tengan cuidado, no se vayan a encontrar luchando contra Dios.”

La muerte de Jesús en la cruz debía haber servido para que sus seguidores se calmaran y dejaran sus enseñanzas, pero en lugar de eso se volvieron más obstinados al testificar, ya no solo de su muerte, sino ahora de su resurrección y eso dejó extremadamente extrañados a los principales sacerdotes que no entendía esta actitud.

Se suponía que al ver morir a su maestro de manera tan violenta, ellos debían de haber entendido el mensaje: si seguían con esas enseñanzas, podrían recibir un castigo semejante al nazareno, pero ellos no se intimidaron y predicaban a Jesús por las casas, en el templo y en cualquier lugar de Jerusalén. 

La reacción de los gobernantes hebreos fue entonces azotarlos, encarcelarlos y exigirles que ya no hablaran del nombre de Jesús, pero el resultado fue siempre el mismo, ellos no dejaban de hacerlo y entonces uno de los más respetados mentores de la nación judía llamado Gamaliel razonó con ellos sobre esta inusual actitud de los discípulos de Jesús. 

Les recordó que antes de Jesús hubo otros personajes que también tuvieron seguidores y trataron de liberar a Israel del yugo romano, pero fueron muertos y una vez que perecieron su movimiento se desvaneció. Si la causa de Jesús era igual a la de ellos, pasaría exactamente lo mismo. Pero si no… entonces había que pensar de otra manera. 

Y finalmente Gamaliel les dijo que si el movimiento de los discípulos era de Dios sería, no solo difícil, sino imposible de detener y derrotar porque el respaldo divino garantizaría la victoria de quienes participaban en esas tareas, luego entonces, lo mejor sería esperar a que se disolviera naturalmente. 

Las palabras del sabio maestro de los judíos nos sirve para recordarnos que la obra de Dios es invencible. Que cualquiera que quiera detenerla, enfrentarla o atacarla será exhibido y burlado, porque es una empresa que Dios conduce, defiende y sostiene y nada ni nadie podrá dañarla. 

La historia nos demuestra que Gamaliel tenía razón que contra la iglesia nadie podrá nunca, que eventualmente parecerá que le han ganado al pueblo de Dios, pero serán victorias pírricas porque al final la gran guerra entre el bien y el mal será ganada por Dios y sus escogidos, que solo deben tener paciencia para ver al adversario aplastado saldrán triunfantes. 

Los planes de Dios se llevan a cabo siempre, no hay poder humano que los pueda detener y mucho menos cambiar. Él los llevará a cabo sin importar sobre qué o quién tenga que pasar. 

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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