Romanos 9:14-18

¿Qué, pues, diremos? ¿Que hay injusticia en Dios? En ninguna manera. 15 Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca. 16 Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia. 17 Porque la Escritura dice a Faraón: Para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado por toda la tierra.18 De manera que de quien quiere, tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece.

Introducción

La elección de Jacob y el rechazo de Esaú podía generar en la mente y el corazón de los lectores de la carta a los Romanos la falsa apreciación de que Dios es injusto y ¿cómo no? si Pablo escribe con toda claridad que Dios amó a Jacob y aborreció a Esaú. Bajo esa perspectiva uno podría pensar que Dios se conduce con injusticia.

El apóstol nos lleva entonces a una verdad sumamente compleja para la mente humana, pero explicada en términos sencillos para comprender que Dios elige y endurece. Que el Señor acepta y rechaza. Dios actúa soberanamente al tratar a los hombres de acuerdo a sus eternos propósitos.

A diferencia de los diosese romanos y griegos que trataban a los hombres de manera caprichosa, el Dios de Israel es un Señor que trata a los hombres conforme a un eterno propósito que él tiene trazado. Ni es voluntarioso o ventajoso al intervenir en la historia de la humanidad.

Pablo va a explicar porque está tan seguro de que Dios no es injusto. Nuestra mente finita puede llegar a esa falsa conclusión cuando solo vemos la elección de Dios sobre Isaac y Jacob como hechos aislados sin considerar que detrás de esas acciones Dios hay un plan que lleva a cabo para el final de los tiempos.

Dios rechaza, endurece y no acepta a determinados hombres, pero sobre muchos despliega su bondad infinita. Esta es la verdad que Pablo repite una y otra vez para demostrar que la idea de un Dios que actúa de manera parcial, haciendo acepción de personas o discriminando es totalmente equivocada.

La palabra “injusticia” que se usa en el verso catorce procede de la raíz griega “adikia” que es una expresión jurídica que denota algo que van contra lo que es justo y por eso algunas versiones lo traducen como “daño” o “algo incorrecto”. En otras palabras lo que quiere decirnos Pablo es que Dios ni hace daño a nadie, ni hace cosas incorrectas.

El apóstol nos va a ofrecer sus argumentos para probar que Dios de ningún modo es injusto, que no trata de dañar a los seres humanos como tampoco hace nada incorrecto. El despliega su voluntad sobre los hombres de dos maneras: llama a quien quiere y endurece a quien quiere.

Israel: La bondad y severidad de Dios
El Señor nunca será injusto

A. Porque llama a quien quiere

Por su misericordia

Por su compasión

B. Porque endurece a quien quiere

Para mostrar su poder

Para anunciar su nombre

La bondad y severidad de Dios con Israel nos hace pensar que Dios es injusto porque no alcanzamos a comprender que el Señor del cielo y de la tierra es de propósitos. Es un Dios de planes que se mueve en función de sus proyectos que tiene para toda la raza humana en este mundo.

A. Porque llama a quien quiere

Pablo escribe la carta para decirnos que Dios actúa de manera soberana, es decir decide en función de su propia voluntad, sin considerar si estamos de acuerdo con sus decisiones o determinaciones. Dios decide de acuerdo a solo dos criterios o muestra su misericordia y compasión o endurece.

A lo largo de la Escritura descubrimos que su voluntad es irrestible. El mejor ejemplo de ello es Jonás. Dios había decidido que el profeta debería de ir a predicar a Nínive, pero éste se resistió y entonces intentó huir de la presencia del Señor y una tormenta en medio del mar lo hizo regresar a su misión.

Dios llama o atrae a las personas esencialmente por dos razones que en este texto nos ofrece Pablo. Dos razones que nacen de él, que no provoca nadie más que su propia persona y en la que para nada interviene la voluntad o deseo de los hombres.

El verso quince de nuestro estudio dice de la siguiente manera:

Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca.

Dios obra por su propia voluntad, obra siempre de acuerdo a sus propios criterios, sin que en ello intervenga alguien más que él.

  1. Por su misericordia

Dice Pablo que Dios “tiene misericordia de quien tiene misericordia”. La palabra misericordia procede de la palabra griega “eleeó” que Pablo utiliza en Filipenses 2:27 cuando dice que Dios tuvo misericordia de él evitando que Epafrodito muriera en Roma cuando fue enviado por la iglesia a colaborar con el apóstol.

El sentido de la expresión en este pasaje nos hace entender mejor su significado. Pablo estaba en una situación difícil y si Epafrodito moría su condición empeoraba y justamente en ese momento Dios intervino salvando la vida de ese varón y de esa forma el apóstol descubrió y se dio cuenta que Dios había manifestado su misericordia.

La idea del término es, entonces, que en su triste y lamentable condición pecaminosa, el hombre no puede hacer nada porque esta separado de Dios, entonces lo que hace Dios es manifestar su misericordia con nosotros, sin merecerla, sin ser dignos de ella porque somos enemigos de Dios.

Entonces cuando Dios nos llama lo hace exclusivamente por su misericordia. No porque nosotros tengamos al que valga la pena o algo que sorprenda, deslumbre o impacte a Dios y por ello decida hacernos objeto de su gracia y perdón. Nada de eso. Al contrario somos seres profundamente necesitados y por eso requerimos de Dios.

  1. Por su compasión

Pablo agrega que Dios nos elige, escoge, llama o atrae por su compasión. La palabra “compasión” se usa solo dos veces en el Nuevo Testamento. Procede de la raíz “oiktiró” que se traduce simplemente cómo responder a alguien con una profunda sensibilidad, en otras palabras tener empatía con el dolor o sufrimiento de otros.

Es interesante notar que estos dos aspectos del carácter de Dios, misericordia y compasión, se anteponen a su rechazo o endurecimiento de las personas, con lo que nos queda claro que antes del rechazo primero ofrece a los hombres su bondad, pero si ellos deciden ignorarlo entonces él desdobla su rechazo.

Es Dios quien maniobra y opera sobre los hombres su buena voluntad. Somos objeto de su amor y no sujetos, es decir nosotros no podemos hacer nada frente a sus designios porque él ha decido actuar para con nosotros, en este caso, que hemos sido llamado a formar parte de su iglesia.

Antes de pasar a hablar sobre quienes son endurecidos, Pablo nos ofrece un texto revelador sobre la voluntad humana con respecto al llamado de Dios. Dice el autor de la carta a los Romanos: “Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.”

No es lo que quiera el hombre, ni lo que haga, sino la misericordia de Dios, la que hace posible y efectivo el llamado de Dios.

B. Porque endurece a quien quiere

En este solo verso encontramos una profunda verdad:

Porque la Escritura dice a Faraón: Para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado por toda la tierra.

Dios encumbra, levanta, exalta a determinados hombres solo para hacer dos cosas con ellos: 1. Mostrar su poder y 2. Para que su nombre sea anunciado por toda la tierra y para ello pone de ejemplo al Faraón del tiempo del Éxodo que se negó sistemáticamente permitir la salida del pueblo de Israel de Egipto.

  1. Para mostrar su poder

Dios no endurece a los hombres para condenarlos. En realidad el hombre está condenado aunque sea bueno de acuerdo a sus propios estándares. La bondad válida para el Señor es la que nace de su presencia en la vida de las personas. Lo demás es solo simulación o imitación humana.

Dios endureció a Faraón para mostrar su poder. Dios quiso exhibir de manera contudente su gran capacidad para abatir a los poderosos, aquellos que se piensan y creen imbatibles, aquellos que se consideran a sí mismos como dioses, pero que en realidad no son nada delante de Dios.

Dios no endurece a los humildes, a los que reconocen su grandeza, sino aquellos que se asumen como intocables, aquellos que disputan a Dios el gobierno de sus vidas y del mundo, a pesar de que en realidad nadie puede ir ni contra Dios ni contra sus designios. Se trata entones de hombre que resisten a Dios.

Faraón es el más claro ejempo de esta clase de personas que han poblado este mundo. Él se creía Dios y el Creador le demostró que no era nada.

  1. Para anunciar su nombre

El nombre de Dios es inmensamente grande. A Moisés le dijo que su nombre el “YO SOY EL QUE SOY”. Éxodo 3:14. Las diez plagas de Egipto fueron tan notorios que Rahab, los tenía presente cuarenta años después de ocurridos, sin que hubiera otra forma de transmitirlos que por tradición oral.

Pablo nos dice que quienes son endurecidos servirán para anunciar el nombre de Jesucristo, ante el cual toda rodilla se doblará y toda lengua confesará que es Señor.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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