La Biblia dice en Romanos 11:33-36

¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! 34 Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero? 35 ¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado? 36 Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.

Introducción

Con una alabanza o doxología al Dios, Pablo concluye los tres capítulos que le dedica al tema de Israel en la carta a los Romanos. Pablo ha quedado gratamente sorprendido por la manera en que Dios planeó, desarrolló, aplicó y desplegó la salvación de toda la humanidad, usando de manera preponderante a Israel, su pueblo.

Los últimos cuatro versos del capítulo doce sirve al apóstol para presentarnos la faceta de Dios que debemos todos conocer para tener presente y saber frente a qué clase de Dios estamos. Es indispensable conocer quien es el Señor para no caer en la autocomplacencia y saber distinguir correctamente quienes somos nosotros y quien es Él.

Se trata de ofrecernos una clara distinción entre nuestra finita mente frente a la inmesa sabiduría del Señor. Dios dirige el mundo de acuerdo a sus planes perfectos, nacidos de su conocimiento, no solo anticipado de todas las cosas, sino porque sabe perfectamente lo que tiene, no solo cada ser humano, sino cada generación que ha existido y existirá.

Pablo nos presentará la sabiduría divina en su más amplia concepción. En los versos anteriores ya nos ha adelantado lo que es Dios soberano y dueño de todo, pero en estos versos nos va a confrontar con una inquietante idea: el Señor es sabio y sabe perfectamente lo que hace, aunque el hombre no lo comprenda ni lo entiendad.

Estamos ante una revelación del carácter de Dios que es de muchísima ayuda para todos nosotros porque al saber que Dios hace y obra a su parecer sin consultarnos nada o sin preguntarnos si estamos de acuerdo o no, asimilamos que debemos ceñirnos siempre a lo que él decide.

Ante Dios no somos nada, solo su gracia, amor y misericordia es lo que ha hecho que nos regale la salvación, pero en realidad en términos muy crudos somos nada ante su grandeza e inmenso poder.

Israel: La bondad y severidad de Dios
La inmensa e inagotable sabiduría divina
A. Incomprensible para la mente humana
B. Inexplicable para la mente humana
C. Inalcanzable para la mente humana

Pablo comienza diciéndole a los Romanos: ¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! La frase profundidad de las riquezas conjunta dos ideas que son las que le dan el título a nuestro último estudio de nuestra serie Israel: la bondad y severidad de Dios. Es una frase que une dos conceptos aparentemente diferentes o sin relación.

La profundidad que muchas versiones traduce de manera distinta. Algunas la vierten como abismo. La palabra comunica la idea de un lugar donde se conoce su principio, pero no se conoce donde termina. La palabra comunica, de esa manera, la idea de algo inmenso, algo que no tiene fin.

Por otro lado utiliza la palabra riquezas que evidentemente tiene relación con una característica que los romanos del tiempo tenía claro. Las riquezas simbolizaban siempre la abundancia, algo completamente distinto a la escasez, la pobreza o la falta de insumos para sobrevivir.

Cuando se une, entonces, profundidades con riquezas, lo que está haciendo Pablo en realidad es llevarnos a pensar que la sabiduría y la ciencia de Dios es sencillamente inmensa e inagotable. La frase profundidad de las riquezas nos prepara para el tema que Pablo abordará al final de su reflexión sobre Israel.

Hay dos palabras que Pablo usa cuando habla de inmensidad y sin fin o inagotable: sabiduría y ciencia. En el griego son dos palabras distintas las que le dan origen. A la primera la origina la expresión “sofía” que se puede traducir al aplicarse a Dios en inteligencia superior y la segunda es “gnosis”.

Esta palabra que la versión Reina Valera 1960 traduce como ciencia, procede de “gnosis” que quiere decir conocimiento, pero no cualquier clase de conocimiento, sino un conocimiento experimental, un conocmiento exacto de alguna materia o de las cosas que se quieren saber.

Al unirse ambas palabras para referirse a la profundidad de las riquezas o a lo inmenso e inagotable nos lleva a pensar y recordar que estamos ante un Dios atiborrado de inteligencia y conocimiento. Que tenemos un Dios que tiene un capacidad para conocer todas las cosas más allá de lo que nosotros podemos alcanzar a imaginar.

Pablo nos ofrece así la razón básica de las afirmaciones que va a presentarnos al hablar de la inteligencia y sabiduría divina.

A. Incomprensible para la mente humana

Leamos completo el verso treinta y tres de nuestro estudio para abordar este primer punto:

¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!

Hay dos afirmaciones categóricas de Pablo en este verso: Los juicios de Dios son insondables y los caminos de Dios son inescrutables. Las palabras insondables e inescrutables comunican la idea de incomprensible para la mente humana. Algo que va más allá de lo que la razón o la lógica de los hombres pude comprender.

Según Pablo, Dios despliega sus juicios y estos resultan insondables. Cuando Dios castiga o premia o cuando Dios manifiesta su faculta de sancionar la conducta de los hombres como lo ha hecho. La palabra insondable procede de la raíz griega “eksereunao” que quiere decir sencillamente algo imposible de investigar completamente, sin importar cuán grande sea el esfuerzo.

Luego Pablo dice que los caminos del Señor son inescrutables. Para el término “inescrutables”, el apóstol usa la expresión griega “anexechiniastos” que quiere decir “imposible de rastrear” como los el rumbo de un pez en el agua, en otras palabras algo que no se puede explorar.

Pablo apunta de esa forma que el hombre no pude comprender los juicios de Dios y los pasos que sigue en este mundo. Frente a la sabiduría inmensa e inagotable el hombre enfrenta una situación más que compleja: la incomprensible sabiduría divina para su existencia.

B. Inexplicable para la mente humana

En los versos treinta y cuatro y treinta y cinco, Pablo lanza tres preguntas para reafirmar lo que dijo en el verso treinta y tres:

Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero? 35 ¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado?

Las tres preguntas son: 1. ¿Quién entendió la mente del Señor? 2. ¿Quién fue su consejero? Y 3. ¿Quién le dio primero, para que le fuese recompensado? Y las tres preguntas tienen la misma respuesta: Nadie.

Cuando Pablo interroga, ¿quién entendió la mente del Señor?, está tratando de indagar si alguien alguna vez ha logrado conocer lo que hay en el pensamiento de Dios y eso tiene una sola respuesta: ningún ser humano porque le resulta siempre inexplicable. Jonás es quizá el mejor ejemplo de esta verdad. Le resultó inexplicable que Dios salvara a Nínive.
El segundo cuestionamiento paulino es ¿quién fue su consejero?. Las ocasiones en que algunos trataron de darle un consejo al Señor fue un verdadero desastre para ellos. Pedro es tal vez el más acabado ejemplo de esta verdad. Señor que no te acontezca eso, le dijo cuando el Señor anunció que moriría en la cruz en Jerusalén. Apártate de mí, Satanás, le contestó, porque no pones en la mira la cosas de Dios.

Cuando Dios interroga a Job le hace muchas preguntas todas ellas relacionadas con esta verdad. Nadie le ha aconsejado a Dios lo que tiene que hacer, él se basta a sí mismo para hacer conforme a sus decretos.

La tercera pregunta es todavía más contundente y cruda. ¿Quién le dio primero, para que le fuese recompensado? Dios no le debe nada a nadie. No tiene ningún compromiso con nadie. Puede hacer y deshacer aunque todo ello resulte incomprensible para la mente humana.

C. Inalcanzable para la mente humana

El verso treinta y seis remata estas ideas con una contundente afirmación sobre la naturaleza del Señor:

Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.

Dios es dueño de todo. La tierra, el mundo, y los que en él habitan son su propiedad y como tal puede decidir lo que le plazca. La vida de los seres humanos es suya porque él la entregó como un acto de bondad y compasión y justamente cuando lo determine puede reclamarla y los hombres nada pueden hacer para retenerla.

Por esa razón, lo único que nos queda es rendirle gloria, poder, honor y exaltación al Señor. Es lo único que podemos hacer porque para nosotros es inalcanzable la sabiduría divina porque tenemos una mente finita, porque tenemos contados nuestros días y sobre todo porque Dios es nuestro dueño.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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