Introducción

José de Arimatea es mencionado en los cuatro evangelios con diferentes características, pero por realizar la misma acción: reclamar el cuerpo de Cristo para darle sepultura. Él se presentó ante un gobierno extranjero que ejecutó a Jesús como un preso de conciencia, es decir un hombre que fue martirizado injustamente. 

José es llamado por Mateo, Marcos, Lucas y Juan de diversas formas: Mateo, por ejemplo, lo llama un discípulo de Jesús y hombre rico. Marcos dice de él que era un miembro distinguido del Consejo, es decir del Sanedrín judío y que esperaba el reino de Dios. Lucas dice de él que era un hombre bueno y justo y también que esperaba el reino de Dios.

El tercer evangelista aclara que José no había estado de acuerdo en la resolución del Sanedrín que ordenó la muerte de Jesús. Juan el evangelista nos dice por su parte que en realidad José de Arimatea era un discípulo secreto y lo liga con Nicodemo, el principal de los judíos que buscó a Jesús de noche. 

Los cuatro evangelios coinciden en dos cosas: 1. Que fue a Pilato para pedir el cuerpo de Jesús y 2. Que lo puso en una tumba nueva que era de su propiedad, donde nadie había estado antes.

Para comprender la unanimidad de los evangelistas sobre este personaje debemos apreciar los graves momentos de tensión que los seguidores de Jesús vivían en esos días. Todos los apóstoles, excepto, Juan habían huido. Estaban escondidos temerosos de ser asociados con él crucificado y seguir su misma suerte. 

Debemos también tener en consideración que las personas que morían en la cruz quedaban en ese lugar por días. Era una penosa agonía que se prolongaba mucho y luego de morir no eran bajados de inmediato. A veces los cuerpos se podían descomponer en ese lugar y cuando bien les iba los arrojaban a una fosa común. 

No hay que perder de vista que los crucificados eran enemigos del imperio romano y por ello, su vida no valía absolutamente nada. Además de que nadie quería reclamar sus cuerpos por miedo a ser asociados con ellos y justamente esa es la razón por lo que la figura de José de Arimatea se yergue ante nosotros, porque tuvo el valor de hacerlo. 

Fue un acto valeroso, un acto lleno también de compasión y fue un hecho que obligó a José a buscar a Pilato para pedirle el cuerpo del Maestro. Se trata, entonces, de una delicada, pero necesaria relación con el poder, que nos sirve para reflexionar sobre la necesidad de tomar como ejemplo a este hombre que tuvo que tomar ese lugar porque no había nadie más.

José de Arimatea: La delicada, pero necesaria relación con el poder

A. A falta de alguien que lo haga

B. Con un propósito determinado

C. Con el riesgo de quedar mal

Mientras estemos en este mundo: nos agrade o no tendremos siempre que relacionarnos con el gobierno. Para bien o para mal los gobernantes tienen poder. No sé si José de Arimatea se imaginó que algún día habría de presentarse ante Pilato para pedirle el cuerpo de un enemigo del imperio romano. 

Es muy probable que su condición de rico y miembro del Sanedrín le permitió relacionarse con el poder y conocer a Pilato. Ambas condiciones le ayudaron a tener interlocución con ese hombre poderoso, pero a la vez con grandes debilidades, una de ellas era su mujer que le pidió que no tuviera nada que ver con ese justo, en referencia a Jesús. 

José de Arimatea fue el instrumento que Dios usó para sepultar el cuerpo de Jesús y cumplir así la profecía de Isaías 53:9 que dice:

Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su sepultura; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca. 

Aunque para ello tuvo que acercarse al poder  de los gobernantes. 

A. A falta de alguien que lo haga

Los evangelios son muy claros cuando señalan que todos los seguidores de Jesús habían huido. Juan señala el ambiente que se vivía en esos días. Por miedo a las autoridades los discípulos se habían encerrado a piedra y lodo. Nadie quería relacionarse con Jesús porque había sido señalado como enemigo de Roma y ellos no querían seguir su misma suerte. 

De pronto no había nadie que pudiera intervenir a favor de Cristo ante el gobierno romano para reclamar su cuerpo y justamente allí hizo su aparición José de Arimatea. A falta de algunos de los seguidores de Cristo que habían estado con él por mucho tiempo este hombre se echó a cuestas esta delicada tarea. 

Es una realidad que tal vez había muchos hombres que pensaron que era necesario bajar el cuerpo de Cristo de la cruz, pero solo había uno que tenía la posibilidad de hacerlo, por supuesto con muchos riesgos. Por eso uno de los evangelistas, dice que José de Arimatea “fue resueltamente con Pilato”, otras versiones dicen “se armó de valor”. Marcos 15:42-47.

Iría solo porque el Sanedrín no lo acompañaría en esta delicada, pero necesaria tarea que debía hacer para darle sepultar al cuerpo de nuestro bendito Salvador. Era tal vez la última voz que podía alzarse por Jesús y lo hizo porque no había nadie que lo hiciera. 

B. Con un propósito determinado

El cuerpo de Jesús tenía que ser sepultado y José de Arimatea buscó a Pilato para hacerle saber que Jesús había muerto ya y que le solicitaba sus restos para darles sepultura, lo que Pilato comprobó con uno de sus centuriones y quedó sorprendido de saber que Jesús había expirado ya. 

Es innegable que José tenía muy claro la razón por la que se iba a relacionar con Pilato. No era un gesto de camaradería o de interés personal, sino un interés superior. No iba a pedir por algo suyo, sino más bien lo buscó porque tenía la urgencia de recuperar el cuerpo de Cristo. 

C. Con el riesgo de quedar mal

Nos podemos imaginar cómo cayó entre los integrantes del Sanedrín la decisión de José. No les gustó nada, pero él actuó conforme a su consciencia y eso es lo que generalmente ocurre cuando alguien se relaciona con el poder. No sabemos sus motivaciones, pero cuando se asemejan a las de José de Arimatea poco podemos reprocharle.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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