Dice la Biblia en Juan 14: 2-4

En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. 3 Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis. 4 Y sabéis a dónde voy, y sabéis el camino.

Introducción

Cristo se despidió de sus discípulos con una promesa: “voy a preparar un lugar para ustedes en la casa de mi Padre”. Con esa palabras Cristo dejó en claro que su muerte y la muerte de sus seguidores era un paso para ir al Padre, retornar a la casa donde hay muchas moradas que fue a preparar para todos sus seguidores.

Con toda claridad Jesús le dice a sus apóstoles que su partida de este mundo tiene un propósito. Regresa al cielo y prepara lugar para ellos y para todos sus seguidores y regresará por todos para que vivamos justamente donde él está. Su muerte, entonces, era un medio y no un fin en sí misma.

Jesús prepara a sus seguidores para las horas aciagas que se venían sobre la vida de él, pero también sobre la vida de sus seguidores. La muerte se convertía así en una esperanza de mejores días y dejaba de tener la carga de una desgracia irremediable en la vida de los seres humanos.

Las palabras del Señor registradas en este capítulo por el evangelista Juan representa el discurso más emotivo sobre lo que implica la muerte del hijo de Dios porque en ellas encontramos la seguridad absoluta que la desaparición física de una persona tiene una esperanza de mejor vida en la eternidad.

El regreso de Jesús a la casa del Padre es una promesa que debe alentar nuestro corazón. El ha ido allí a preparar moradas para todos nosotros. De ningún modo debemos tener temor. No se turbe vuestro corazón, les dijo a sus seguidores y nos dice a nosotros en tiempos en que la muerte parece expander sus tentáculos en toda la tierra.

Jesús sabía el temor y la angustia que tendrían sus seguidores cuando lo vieran padecer y sufrir en la cruenta cruz del calvario y los entrenó para estar preparado en esos momentos de gran dolor y los adiestró con una promesa que les sirvió a ellos y nos servirá también a nosotros si logramaos comprender la promesa que él hizo.

Dónde Él esté, yo también estaré: la despedida de Cristo

Una despedida con promesa

A. Una promesa de ir a la casa del Padre
B. Una promesa completamente cierta
C. Un promesa que nos asegura un lugar
D. Una promesa de que volverá por nosotros
E. Una promesa que debemos conocer

Cristo se despidió de sus seguidores haciéndoles una promesa de acompañamiento permanente. La muerte no era ni es el fin de todo. La promesa de Cristo tiene como virtud que refuerza nuestra seguridad en Dios. Si bien es doloroso el trance, siempre contaremos con su compañía.

A. Una promesa de ir a la casa del Padre

La palabra “casa” que usa Juan al referirse a la casa del Padre procede de la raíz griega “oikia” que literalmente se traduce como una vivienda donde habitan personas. En sentido amplio el término tiene estrecha relación con un hogar. Jesús estaba diciendo que regresaba al hogar paterno.

La idea era un regreso a un lugar de descanso o refugio. Un hogar o casa que lo protegía y cuidaba como una casa en el sentido literal. Cristo retornaba a su casa como quien termina un viaje a un lejano lugar y finalmente decide retornar al lugar donde siempre ha habitado para descansar o guarecerse.

Pero la promesa de ir a la casa del Padre se liga íntimamente con la idea de que en ese lugar hay muchas moradas. La palabra “moradas” que utiliza Juan procede de la raíz griega “moné” que transmite la idea de un lugar de residencia permanente hecho o diseñado generalmente para que habite una persona únicamente.

Con estas definiciones podemos aseverar que el regreso de Cristo a su hogar y preparar lugar para cada uno de nosotros tiene como finalidad habitar para siempre con él. Nuestro último domicilio del que ya jamás nos mudaremos será justamente el cielo, junto a él y junto al Padre.

El creyente no puede jamás vivir sin esperanza. No puede ni debe vivir en la incertidumbre de que pasará cuando muera. El Señor le ha preparado una morada para que viva para siempre con él. La promesa de ir a la casa del Padre tiene repercusiones eternas para los creyentes.

Es inadmisible vivir acongojados si sabemos que nos esperan moradas eternas que Cristo ha ido a preparar.

B. Una promesa completamente cierta

Cristo le aclara a sus discípulos que “si así no fuera, yo os lo hubiera dicho”. Es decir que es una promesa cierta, segura y inmutable que él iría al cielo y se ha ido allí para preparar un lugar para cada uno de sus seguidores. De no ser así, dice el Señor, yo se los hubiera dicho para no crear falsas expectativas.

Con estas palabras Jesús dejó en claro que es una promesa irrevocable que cada uno de aquellos que confiesan su nombre tendrán un lugar reservado en el cielo. En la casa del Padre todos tendrán un lugar especial. Nadie que muera en Cristo dejará de recibir lo que él ha prometido.

El malhechor que murió en la cruz, cuando reconoció quien era Cristo, le pidió que se acordara de él cuando viniera en su reino. Por respuesta tuvo que esa misma tarde estaría con él en el paraíso. Su actitud de arrepentimiento en los últimos instantes de su vida le abrió las puertas del cielo.

Jesús no estaba jugando cuando le dijo a los apóstoles que iba al Padre a preparar un lugar para ellos. Tampoco era una mentira “piadosa” para consolarlos. Es un hecho que él se ha ido a preparnos un lugar para todos nosotros. Todo lo que Jesús prometió se cumplió y claro que cumpliará su promesa de retornar por nosotros.

C. Un promesa que nos asegura un lugar

Cristo le dijo a sus seguidores de manera categória lo siguiente “voy, pues, a preparar lugar para vosotros”. La palabra preparar procede de la raíz griega “hetomaizo” que se puede entender como “tener todo listo”. Es decir, Jesús se fue para tener todo listo para cuando sus seguidores lleguemos allí.

La idea de estas palabras es que hay un lugar preparado, listo, reservado y exclusivo para cada uno de los que han confesado y creído en Jesucristo como su Salvador personal. Cristo dejó bien en claro que su partida no era accidental o fuera de un objetivo o meta, al contrario tenía un gran propósito.

En su discurso de despedida el Señor quiso dejar bien en claro que si bien tenía que pasar por el doloros sufrimiento de la cruz, morir y luego resucitar al tercer día, ese gran dolor tenía como razón esencial dotar de un lugar a todos los que creyeran y confiaran en su bendito nombre.

Usted y yo tenemos un lugar seguro y podemos decir sin temor ni dudas que “Donde él este, yo también estaré”. No hay la menor incertidumbre. Nos llevará consigo cuando salgamos de este mundo.

D. Una promesa de que volverá por nosotros

El verso tres de nuestro pasaje en estudio dice así: 3 Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.

Aquí encontramos por primera vez de manera clara y concisa que Jesús volverá otra vez. Es la afirmación categórica de que retornará por los suyos. Es interesante notar que una y otra vez le repitió a sus seguidores que se iba a preparar lugar y también que deseaba que donde él estaba ellos también estarían.

Desde entonces la promesa de su regreso ha acompañado a la iglesia. Las señales de su retorno cada vez son más claras. Viene por su iglesia a arrebatarla y llevarse consigo a quienes creyeron en su promesa, confesaron sus pecados y le abrieron su corazón para vivir con él.

E. Una promesa que debemos conocer

El verso cuatro del pasaje en estudio dice así: 4 Y sabéis a dónde voy, y sabéis el camino. Los discípulos sabían a dónde iba Jesús y sabían el camino. Bueno eso era lo que suponía Cristo porque se los declaró, pero ellos en voz de Felipe le dijeron que ni sabían a dónde iba ni cual era el camino.

Saber que puede ocurrir después de la muerte nos vacuna contra la incertidumbre y la desesperanza. Cristo preparaba de esa manera la forma en que ellos debían saber destino y camino.

Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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