La Biblia dice en Números 35:15

“Estas seis ciudades serán ciudades de refugio, tanto para los israelitas como para los extranjeros que vivan o estén de paso entre ustedes. Allí podrá refugiarse todo el que sin intención haya matado a otra persona.”

Este es el antecedente más remoto de lo que hoy en el derecho penal se conoce como delitos culposos. Dios, que conoce como nadie el carácter vengativo de los hombres, diseñó un modelo para quienes por un mero accidente privaban de la vida a un semejante y la familia del fallecido los responsabilizaba absolutamente.

Dios estableció seis ciudades de refugio en Israel, tres del lado este del Jordan y otras tres del lado oeste para quien cometiera un homicidio sin intención pudieran escapar a esos lugares y allí preservar la vida con la condición de que el hecho se hubiera cometido sin intención alguna.

Los judíos estaban enterados que a esas ciudades solo podían entrar homicidas que habían arrebatado la existencia a una persona y ninguna otra clase de gente podía ingresar. Eran ciudades de asesinos que por imprudencia, por falta de pericia o simplemente porque estuvieron en el momento equivocado provocaron el fallecimiento de una persona.

De esa forma Dios los protegía de una segura venganza de la familia del muerto porque en muchos casos, no en todos, siempre resultaría sospechoso que un hijo, padre, hermano o pariente haya muerto de la forma que sea. Nadie se conforma nunca cuando un ser querido muere, de la manera que sea.

Pero Dios que es sabio y justo estableció estas ciudades para enseñarle a los judíos y enseñarnos a nosotros que algunas circunsancias suceden fuera de la voluntad humana y se inscriben dentro de la soberanía de Dios. El hecho de que una persona muriera porque una piedra que había sido colocada en un lugar alto cayera sobre él es un misterio.

Nos ayuda a comprender también, no sin frustraciones y reclamos y quejas que la justicia divina dista mucho del modelo de justicia que los hombres de esa época y de nuestros días también tienen y donde la revancha es la norma y el recurso más usado para atender agravios y afectaciones de toda clase.

Las ciudades de refugio se convirtieron así en una expresión de la justicia divina, pero también de la necesidad de perdonar y contener nuestros oscuros deseos de tomar justicia por propia mano y recordar que muchas circunstancias están más allá de nuestro alcance y será difícil entender los accidente que privan de la vida a las personas.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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