La Biblia dice en Gálatas 2: 21

“No quiero rechazar la bondad de Dios; pues si se obtuviera la justicia por medio de la ley, Cristo habría muerto inútilmente.”

Una de las grandes discusiones teológicas del primer siglo fue la gracia versus ley. Cuando Pablo predicó la salvación de los gentiles por medio de la fe, sin necesidad de guardar la ley mosaica, escandalizó a sus compatriotas porque ellos no daban crédito a que una persona se pudiera salvar fuera de la ley hebrea.

Fue de tal magnitud la discrepancia entre los judaizantes y Pablo que lo persiguieron tratando de esa manera que dejara de enseñar esa verdad que para ellos resultaba no solo una herejía sino un dardo envenenado al corazón de la Torá judía y muchos cristianos cayeron en esa mentira.

En casi todas sus cartas, pero particularmente en las de Gálatas y Romanos, Pablo ofrece una sencilla y amplia explicación sobre lo que representa la fe en Jesús y cómo de ningún modo atenta contra la revelación divina que Dios le dio a los israelitas a través de los primeros cincos libros de la Escritura.

Pablo dice que el sacrificio de Cristo en la cruz hizo posible lo que humanamente nunca se hubiera alcanzado: la justificación del hombre ante Dios. La ley mostraba y muestra el camino a Dios, pero el hombre por sí mismo no podía con esas exigencias y era necesario que alguien más pudiera cumplir con ellas.

Ese hombre fue Cristo Jesús que con su sacrificio cumplió con todas las expectativas que Dios demandaba y gracias a esa muerte vicaria, los hombres pueden, si lo desean, alcanzar la justificación delante de Dios, que ahora lo hace por gracia. La ley no es mala, ni incompleta, sencillamente revelaba la triste condición humana ante Dios: culpable.

No es que Cristo no señale la depravación humana o que patrocine la maldad humana. Nada de eso. Cristo nos muestra nuestra condición pecaminosa también, pero al mismo tiempo nos señala el camino para salir de ella.

Si la ley pudiera justificar al hombre, es decir, presentarlo santo y perfecto ante Dios, estaría por demás la muerte de Cristo. No habría necesidad de un sacrificio tan violento, pero la obra de Cristo en la cruz nos muestra su infinita gracia por cada uno de nosotros y nos debe llevar a comprender que en realidad somos inmerecedores de tanta consideración.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

Deja tu comentario