La Biblia dice en Salmos 90:14

“De mañana sácianos de tu misericordia, y cantaremos y nos alegraremos todos nuestros días.”

La inscripción de este salmo dice con toda claridad que fue escrito por Moisés, el varón de Dios. Moisés vivió ciento veinte años. Cuarenta de ellos en el palacio de Faraón donde se crio, luego cuarenta fuera de allí preparándose para liderar al pueblo de Israel y finalmente los últimos cuarenta dirigiendo al pueblo de Israel rumbo a la tierra prometida.

Nadie como él para hablar de la vida fastuosa, llena de lujos y placeres que experimentó al ser considerado nieto del emperador egipcio, uno de los imperios más poderosos de su tiempo, pero también nadie como él para hablar de las carencias y necesidades más básicas como el agua y el alimento que vivió en el desierto.

Y la vida es justamente así, con momentos con gran provisión y también con épocas de mucho dolor. La vida se convierte así en una experiencia incierta, donde se puede tener dicha y alegría, pero a la vez padecer sufrimientos y dolores que laceran el alma y oprimen el espíritu.

La brevedad de la vida, que es el tema de este salmo, constituye una realidad inevitable para todos. Moisés eleva una plegaria a Dios para suplicarle que se apiade del destino inexorable del hombre y le dé la capacidad de vivir con sabiduría con esa realidad que se lo recuerda la muerte de familiares y amigos.

El salmista nos recuerda que hay una manera de vivir alegres y cantando todos los días de nuestra vida. Particularmente en aquellos cuando la sombra de la calamidad se asoma a nuestras vidas. Para poder alegrarnos debemos saciarnos de la misericordia de Dios cada mañana.

La versión Dios Habla Hoy traduce el verso así: “Llénanos de tu amor al comienzo del día, y alegres cantaremos toda nuestra vida.” Lo que el autor del salmo pide a Dios es que lo llene de su amor. La palabra amor empleada aquí es la palabra hebrea “jésed”, que se usa para referirse a esa clase de amor incondicional de Dios, como el de una madre por sus hijos.

Cuando el creyente descubre esa clase de amor se acerca a la esencia de Dios y tiene motivos suficientes para sonreír toda la vida. Es clase de amor o bondad de Dios. La bondad divina que se manifiesta mañana con mañana cuando después de dormir abrimos los ojos a la vida. Es una clase de compasión que prolonga la existencia, aún sin merecerlo.

Ese es el sentido la primera vez que aparece la palabra “jésed” en Génesis cuando Lot agradece a los enviados de Dios por haberlo librado de la destrucción de Sodoma y Gomorra y darle la oportunidad de vivir. Cada mañana cuando despertamos debemos considerar que “hemos vuelto a la vida” gracias a Dios. Esa verdad nos llenará de alegría siempre.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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