La Biblia dice en Salmos 84:1

“¡Cuán amables son tus moradas, oh Jehová de los ejércitos!”.

Una casa hermosa es un lugar donde todos quieren vivir. El salmista recurre a este figura para señalar que el lugar donde Dios reside es hermoso, es decir uno quisiera quedarse a vivir allí, como cuando uno visita un hogar donde impera la tranquilidad y armonía dan ganas de no irse nunca.

La figura de una casa bella contrasta grandemente con el título que el autor del salmo le da a Dios. Se trata de Jehová de los ejércitos, algunas versiones traducen ese nombre como Dios Todopoderoso y otros como Dios del universo, para expresar su grandeza y magnificencia.

El salmista ha descubierto que la casa de Dios es amable, hermosa, bella porque quien reside allí es Dios y comienza su plegaria reconociendo esta característica fundamental para comprender todo el salmo que es un llamado a anhelar la presencia de Dios en nuestras vidas porque con ella todo se embellece.

El lugar de la presencia de Dios despierta o debe despertar en los hijos de Dios el deseo de estar allí, sin importar la clase de dificultad que se presente para llegar. Se trata de comprender el tamaño de la dicha que trae a la vida de los creyentes visitar la morada del Altísimo.

Lo bello o la belleza siempre atrae. La casa de Dios es bella, hermosa y atractiva, no por sus acabados sino por quien mora en ese lugar. Se trata de reconocer que al ir a la casa de Dios acudimos a encontrarnos con nuestro Creador y ese motivo es suficiente para impulsarnos a salir de nuestras casas.

Este salmo nos ayuda a recordar que en esta vida no hay mejor lugar que la habitación del Señor. Que uno puede visitar y maravillarse con construcciones pasadas y modernas, pero que jamás ninguna de ellas superará el lugar donde Dios reside y por tal motivo debemos buscarla con todo el corazón.

Solo así entendemos porque el salmista dice en esta pieza que “aun el gorrión halla casa, y la golondrina nido para sí, donde ponga sus polluelos, cerca de tus altares, oh Jehová de los ejércitos”. Solo quien no quiera ir a la casa del Señor no lo hará porque todos están convocados.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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