La Biblia dice en Job 27:18

“Edificó su casa como la polilla, y como enramada que hizo el guarda.”

Al tratar de explicar el sufrimiento de Job, sus tres amigos se fueron por la teología de la retribución, es decir, Dios castiga a los malvados y también por la idea de que a mayor maldad, mayor penalidad, que en realidad no era algo equivocado, pero Job no era esa clase de malvado ni había cometido iniquidades de grande tamaño.

Sin embargo, las palabras de sus amigos reflejan vivamente los resultados de una vida impía como la que señalan en este verso que hoy meditamos. Para su mejor comprensión uso la traducción Dios Habla Hoy que dice de la siguiente manera: “La casa del malvado es frágil como un nido, como la choza de quien cuida los campos.”

Con ejemplos muy esclarecedores, la Escritura señala perfectamente la triste condición de los malvados. No son lo fuerte y poderosos que nosotros creemos que son, tampoco son los invencibles como aparentan, en realidad son altamente frágiles. Algunas versiones dicen que son como telarañas.

Pero quizá la mejor comparación que podemos tener de ellos es justamente la de una casa improvisada en los campos de cultivo. Cobacha le llaman algunos a esta clase de rústicas viviendas que solo sirve para taparse del sol y en ocasiones como lugar de descanso provisional y por ello es un aposento pobre e incómodo.

De esa manera es como el Señor ve las mansiones de los malvados o como lugares muy débiles que no resisten el paso de un vendaval porque se caen a pedazos y nunca más vuelven a su lugar, pero nosotros a veces creemos que son infranqueables cuando en realidad no tienen nada de fuerza.

El libro de Job nos acerca al sufrimiento, claro, pero también nos acerca a la manera en que el Creador ve a los malvados. Mientras que los seres humanos hasta loas y reconocimientos le brindan, en realidad su condición es sumamente grave porque pueden perecer en cualquier momento.

En contraste, la casa de un justo es un alcázar protegido y resguardado por el Dios del cielo y de la tierra que lo rodea con todos sus cuidados y aún cuando pareciera que el salteador ha ingresado en realidad es solo para fortalecer la fe de sus hijos, quienes siempre saldrán victoriosos y contarán con su consuelo.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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