La Biblia dice en Apocalipsis 2:10

“Se fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida.”

Esta fue la promesa que Dios le hizo a la iglesia de Esmirna si perseveraba en su fidelidad a Dios ante la prueba y el sufrimiento provocado por la persecución, la pobreza y la impostura de algunos que se hacían pasar por judíos y no lo eran. La recompensa o premio sería la corona de la vida si de ser necesario aceptaban el martirio por su fe.

Para entender el sentido de la frase “la corona de la vida”, que se repite también en la carta de Santiago 1: 12, nos debemos acercar a la cultura grecorromana que premiaba el esfuerzo, la disciplina y la constancia con una guirnalda o corona a quienes alcanzaban una victoria notable o un contundente triunfo.

En los juegos olímpicos griegos, por ejemplo, los triunfadores de las diferentes disciplinas eran laureados, es decir, se les ponía una corona de laurel en sus cabezas como reconocimiento a sus destacados logros por encima los demás competidores a los que habían vencido con esfuerzo y dedicación.

Por su parte, los romanos reconocían a sus militares de una manera casi similar. El día de su triunfo el general lucía una corona de laurel y la toga picta triunfal, púrpura y bordada en oro, que lo identificaba como casi monarca o incluso divino. Desfilaba montado en un carro tirado por cuatro caballos por las calles de Roma con su ejército sin armas, los prisioneros y su botín de guerra.

De esa manera quedaba en claro que deportistas y militares habían sorteado toda clase de adversidades, habían combatido con valentía, pundonor, arrojo, coraje y determinación y en razón de esa actitud eran digno de ser reconocidos con una corona que era más bien simbólica porque a unos cuantos días después se secaba y terminaba en la basura.

En sentido contrario el creyente que venza las pruebas, que resista las tentaciones y que se someta al Señor en medio de las grandes calamidades que lo desalienten y quieran dañar recibirá su corona, pero no de laurel, sino de la vida. Una corona eterna y no temporal, una corona no para presumir sino para honrar al Creador.

La mentalidad y cultura griega entendía perfectamente a que se refería Juan cuando instruía a la iglesia de Esmirna a resistir. Ellos serían premiados, reconocidos, galardonados con una prenda que durararía por la eternidad. De esa forma querían alentarnos para esforzarse al doble de lo que hacía un atleta o un militar.

La razón es sencilla: si ellos se esfuerzan o esforzaban por un premio terrenal, el creyente porque no ha de esforzarse si su premio es para toda la eternidad.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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