La Biblia dice en Lucas 12:57

“¿Y por qué no juzgáis por vosotros mismos lo que es justo?”.

Los juzgados de todo el mundo están atiborrados de expediente. El rezago en materia de aplicación de justicia es monstruoso en México. El presidente Andrés Manuel López Obrador emitió un decretó para que los miles de presos cuyos procesos estuvieran sin avance fuera liberados siempre y cuando los delitos cometidos no fueran graves.

Pero pensar que sólo en México ocurre esa lentitud para aplicar la justicia sería ingenuo; es un fenómeno mundial. Los litigios de cualquier naturaleza: civiles, penales, fiscales, electorales, laborales o agrarios forman parte de la problemática social de un país o de un pueblo.

Los judíos tenían desde tiempos inmemoriales jueces que debían resolver sus controversias. Dios les entregó un sistema de justicia con magistrados que debían atender sus disputas y declarar derecho. Desde el tiempo de Moisés los hebreos contaron con esta clase de personas a las que se le exigía una conducta irreprochable y ética a toda prueba.

Sin embargo, Jesús, quien conocía muy bien la naturaleza humana, quiso que las personas juzgaran por ellas mismas. Que no tuvieran necesidad de acudir a un juez, sino que si ellos tenían la culpa admitieran su responsabilidad y en consecuencia respetaran el derecho de su semejante.

Pero hay personas abusivas que a pesar de tener la culpa o haber cometido un atropello son incapaces de reconocerlo. Si las personas que cometieron una falta o un delito lo admitieran inmediatamente el rezago en tribunales bajaría sustancialmente, pero no. La gente se niega a hacerlo.

En el texto que hoy meditamos Jesús quería, a través de una pregunta, hacernos ver la facilidad con la que se resolvería una controversia entre particulares si como personas maduras y responsables quienes se acusan recíprocamente pudieran sentarse y buscar lo que es justo.

Pero no, el egoísmo, la falta de sinceridad y sobre todo, las ganas de no pagar o reponer el daño cometido hace que las personas atiborren los juzgados, cuando ellos mismos pueden juzgar lo que es justo.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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