La Biblia dice en Proverbios 5:9

“No entregues tu dignidad a extraños ni tus años a gente despiadada.”

El capítulo cinco de Proverbios es una seria advertencia contra el adulterio. Las consecuencias de la infidelidad marital es planteada de manera clara y precisa para evitar caer en ella porque sus repercusiones pueden ser fatales para quien se enreda en los macabros tentáculos del engaño y la mentira a su pareja.

Lo que aparentemente es una aventura en la que se disfruta y se goza, deviene generalmente en una tragedia no solo para los amantes, sino para todos los que viven en el entorno de la familia del infiel y la infiel. Nunca se sabe como reaccionara la persona que se siente burlada, engañada y defraudada.

Por eso el proverbista dice con toda sinceridad que dos de los grandes males que resulta de engañar al esposo o a la esposa es entregar la dignidad a los extraños y los años a gente despiadada. Dos males que convierten la vida en una existencia llena de sinsabores, insatisfacciones y cargada de males.

La palabra hebrea para dignidad es “hod” y se traduce como esplendor, majestad y vigor. La dignidad es la calidad y cualidad por lo que algo o alguien son apreciados. Un caballo, por ejemplo, es apreciado por su garbo majestuoso y por su fuerza que conjuga de una manera esplendorosa.

El adulterio destruye en el hombre el aprecio que se le puede tener y al perderla literalmente entrega a otros su riqueza y en consecuencia sus ganancias a los extraños y de idéntica manera la mujer pierde su reputación y ambos devienen en seres despreciables y despreciados.

Pero el adulterio no solo hace perder la dignidad sino también hace que los adúlteros entreguen sus años a gente despiadada, es decir se someten a la crueldad de quienes les recuerdan una y otra vez su falta. Hay que gente que jamás olvidará una afrenta de ese tamaño.

El adulterio es un tema que el proverbista aborda exhaustivamente junto el de la sabiduría, la prudencia, la sensatez y la necedad, pero pone su atención en este con serias advertencias porque suele dañar muchísimo a todos los que se ven involucrados activa y pasivamente.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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