La Biblia dice en Mateo 12: 12

“Pues ¡cuánto más vale un hombre que una oveja! Por lo tanto, sí está permitido hacer el bien los sábados.”

La religión de los fariseos había desplazado al hombre como centro de la compasión divina. Todo su sistema doctrinal tenía como base agradarse a ellos mismos y si para lograrlo los seres humanos tenían que ser humillados, menospreciados e incluso condenados no había problema alguno. 

Los mandamientos del Señor tenían que cumplirse a rajatabla. Aun cuando en esencia la Torá y todo los escritos del Antiguo Testamento ponderaban la vida como el valor más grande que hay en este mundo, colocando al ser humano como el centro de la bondad divina, los fariseos y sus secuaces habían convertido la fe en una religión fría e insensible.

Se habían desprendido tanto de la compasión que a los publicanos los habían condenado y su solo título era un eufemismo de la expresión pecadores al igual que las rameras y en general un buen número de personas que para ellos no tenían ninguna clase de importancia ni social, ni mucho menos espiritual. 

La religión del fariseo excluía a los marginados, los que no tenían credenciales como ellos y a los pobres e ignorantes, que constituían un importante número de personas, lo que los volvía clasistas, racistas y cismáticos, blandiendo que ellos sí eran hijos de Abraham, aun cuando el patriarca nunca fue como ellos. 

La predicación de Jesús los tomó a todos ellos por sorpresa porque devolvió al hombre la dignidad. Jesús le enseñó a sus discípulos que si algo había importante y valioso en este mundo era el ser humano. Para Jesús hombres y mujeres eran relevantes por eso escuchó y ayudó a unos y otras. 

Con ello nos enseñó que una religión que no ayuda al hombre a buscar su dignidad es un cúmulo de ordenanzas y liturgias sin sentido. La fe en Jesús consiste en regresarle al hombre el decoro y la honorabilidad con la que Dios lo creó. Jesús vino exactamente a recordarnos que hombres y mujeres tienen un alto valor delante de Dios. 

La expresión más clara de esta verdad la encontramos en sus palabras: Porque de tal manera Dios al mundo que ha dado a su Hijo Unigénito. La humanidad entera fue objeto del amor divino porque eran tan valiosos que denigrarlos o sobajarlos nunca ha sido la voluntad del Señor y mucho menos crear una religión que los excluya. 

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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