La Biblia dice en Mateo 28:17

“Y cuando vieron a Jesús, lo adoraron, aunque algunos dudaban.”

Después de resucitar Jesús convocó a sus discípulos para reunirse en Galilea y allí se encontró con todos ellos. El ambiente nos lo narra Mateo con tres verbos: vieron a Jesús, lo adoraron y algunos dudaban, lo que nos permite comprender que la resurrección fue un hecho que para muchos resultó inverosímil.

Mateo presentó con sinceridad lo que les sucedió durante esos días a muchos de ellos. No ocultó la falta de convicción y certeza de los seguidores de Cristo, tampoco mintió sobre la realidad que estaban viviendo sus compañeros y quizá él mismo ante un hecho sobrenatural como el que estaban presenciando.

Con ello nos queda claro que la fe que nosotros poseemos esta basada o cimentada en un hecho que va más allá de lo que los sentidos naturales pueden comprender o entender. Nosotros creemos en Cristo resucitado que venció a la muerte y que vive ahora por los siglos de los siglos.

Mateo coincide en decir que muchos los adoraron, aunque algunos dudaban. Le adoraron dudando. La mejor adoración que podemos rendirle a Jesús, entonces, es aquella que nace de la seguridad de que esta vivo. Que no es una religión a la que pertenecemos, sino más bien a una relación con un ser que no está muerto.

Lo que el apóstol quiere mostrarnos es que si bien adoraban lo hacían con dudas y eso tenía ciertos inconvenientes porque le restaba a su alabanza al estar haciendo algo sin estar plenamente convencidos. Los que dudaba incurrían en una actitud que mas ofende al Creador: dudar de él.

Una persona que duda no logra comprometerse con lo que hace o dice. La duda es un paso atrás de nuestra fe. Es un retroceso y lo que el Señor busca es que estemos totalmente convencidos y ciertos de lo que hemos creído y para ello debemos recordar siempre que nosotros creemos en algo sobre natural: Cristo volvió a vivir.

Nuestra fe es desafiante y retadora y por eso no puede haber cabida para la duda o incertidumbre. Adoremos a Cristo, pero convencidos de lo que hacemos, sin una pizca de incredulidad que tanto agravia a nuestro Salvador porque todo lo que dijo se cumplió y se cumplirá.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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