La Biblia dice en Hebreos 1:1-2

Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, 2 en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo.

Introducción

Dios siempre ha hablado al hombre. En el huerto del Edén lo hacía de manera directa con Adán. Aun después de haber pecado, Adán siguió teniendo comunión con el Creador, pero ésta se perdió por las desviaciones en las que incurrió el hombre y a partir de ese momento Dios levantó hombres y mujeres que trajeron su mensaje.

El autor de los Hebreos sitúa en dos tiempos las veces que Dios le habló al hombre. En primer lugar dice que lo hizo “en otro tiempo”. La palabra griega de donde procede la expresión es “palai” que literalmente quiere decir antiguo o en el pasado remoto. En algunas ocasiones la expresión se traduce también como “desde siempre”.

La segunda expresión que utiliza es “postreros días” que nace del vocablo griego “eschatos” que literalmente significa al extremo o al final. Algunos pasajes lo emplean para señalar el final de la vida. De hecho de esa raíz procede la palabra escatología que es la parte de la teología que estudia las últimas cosas o los últimos sucesos.

El hecho de que el autor de Hebreos emplee esas dos expresiones nos dejan en claro que Dios ha hablado desde siempre. Desde la antigüedad o en el pasado remoto hasta estos últimos días y lo ha hecho de dos formas por medio de los profetas a los padres, una referencia clara para designar a los judíos y ahora por medio de Jesucristo.

El escritor de la carta nos ofrece así en perspectiva la manera en la que Dios ha procedido con respecto al hombre. Le ha hablado, se ha comunicados con él. No lo ha dejado nunca sin sus palabras. El hombre jamás podrá argumentar que Dios calló o enmudeció y por esa razón no le conoció.

La expresión ha hablado se origina de la raíz griega “laleo” que se traduce como emitir palabras o pronunciar una voz, decir, pronunciar o usar palabras. La manera en que Dios habló fue a través de la palabra y primero lo hizo por medio de profetas al pueblo hebreo, pero desde hace dos mil años lo hace por medio de su Hijo.

Nos queda claro que estamos ante un Dios que ha hablado, habla y hablará siempre a los seres humanos. La mejor y definitiva manera en que lo hizo fue por medio de Jesucristo, el logos o Palabra que se encarnó y vino al mundo como enviado del Padre para comunicarse con todo el mundo

La encarnación de Cristo, la incomparable revelación de Dios

I. Para hablar a todos los hombres
A. Desde el principio hasta el fin
B. A través del Hijo

El Hijo de Dios es el título con el que el autor de la carta arranca su escrito para recordarle a sus lectores que el título que usó Cristo y reclamó constantemente para sí fue justamente ese el de ser el Hijo de Dios, ser uno con él, tener una comunión íntima con el Padre y vivir siempre en sujeción a él.

Para los judíos de todos los tiempos la frase Dios nos ha hablado era común. La vida espiritual de ellos no se concebía si no era a través de esa fórmula por ello siempre tuvieron gran cuidado en preservar los escritos de Moisés, el autor de los primeros cinco libros de la Biblia, conocidos como el Pentateuco.

A. Desde el principio hasta el fin

Dios habló siempre. Nunca dejó a los seres humanos sin su mensaje de amor y compasión. Dios usó a hombres que Hebreos llama profetas. Los profetas recibieron mensajes por medios de visiones, sueños y voz audible que luego quedaron registradas en los libros del Antiguo Testamento que llevan su nombre.

Esa fue la manera en la que Dios le habló a los padres, una manera de referirse a los ascendientes del pueblo judío, quienes contaron siempre con hombres que les hicieron ver la necesidad de escuchar la voz de Dios, aun en los tiempos más oscuros días envió a estos personajes con un mensaje.

El escritor de la epístola tiene claro que Dios hizo esto muchas veces y de muchas maneras, es decir que recurrió a toda clase de mecanismos e instrumentos con tal de que su pueblo atendiese a su palabra, pero en no pocas ocasiones fracasó por la obcecación de su nación, sin embargo siempre existió un remanente fiel.

La insistiencia de Dios es extremadamente conmovedora porque se valió de todos los medios para dar a conocer su voluntad. La razón de esta vehemencia la encontramos en la profunda necesidad que el ser humano tiene de conocer la voluntad de Dios porque sin ella se extravía, se pierde y se destruye.

Hubo tiempos en la revelación divina que desde la mañana hasta la noche, el Señor habló una y otra vez a sus hijos y a su pueblo para que redireccionaran sus caminos porque había una urgencia ante las calamidades que llegan cuando escasea la palabra de Dios o no hay visión con frecuencia como dice la Biblia en el primer libro de Samuel.

B. A través del Hijo

El verso dos de nuestro estudio dice de la siguiente manera: en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo.

La revelación final del Señor fue su Hijo. Jesucristo es, visto desde la perspectiva del autor de la carta, como el mensaje final y definitivo ya no solo a los hebreos sino a todo el mundo. Jesús es la palabra de Dios final para toda la humanidad. Su mensaje ya no solo se circunscribe al pueblo judío, sino que abarca a todo el mundo.

Los creyentes del primer siglo, la mayoría de ellos hebreos, e incluso prosélitos del judaísmo que habían creído en Cristo Jesús atravesaban una grave crisis ante las condiciones sociales, espirituales y políticas que subsistían en sus días. Los romanos seguían gobernando, el judaísmo se mantenía vivo y ellos era excluidos y perseguidos.

La duda, entonces, calaba en sus corazones y era necesario que supieran que no habría más mensajes, que Dios no enviaría a nadie más, que la revelación final del Padre fue la de su Hijo y Jesús era el Hijo de Dios mediante el cual el Señor hizo dos cosas o expresó su condición de Hijo mediante dos obras.

  1. Lo constituyó heredero de todo

En términos jurídicos la herencia era el traslado o transimisión de toda clase de bienes y derechos de una persona a otra, generalmente de quien fallece a quien tiene vida. Cuando el autor de los Hebreos dice que Dios constituyó a Cristo como heredero de todo, es que Dios decidió convertir a Cristo en el dueño de todo.

Ese pequeño y débil ser que nació en el pesebre de Belén se convirtió por decisión del Padre en el Dueño, Señor y Amo de todo lo que existe en este mundo y más allá de este planeta instalandose como el Soberano de todo lo creado, incluido, por supuesto, todo el universo y todo cuanto la mente humana puede concebir en torno suyo.

El Hijo es la revelación divina como heredero. Cristo ya no es, de ninguna manera, ese ser débil que nació en un inhóspito establo, sino el Dueño de todo lo creado y como Dueño puede decidir qué hacer, cómo hacer y sobre todo cuándo hacer. La revelación definitiva del Señor es heredero de todo.

  1. Por quien hizo el universo

Dios creó el universo por Cristo y para Cristo. La razón o la causa de todo lo creado es Jesús. Nada fue accidental en la naturaleza que tenemos frente a nuestros ojos. Tenemos todo lo que nuestros ojos ven gracias a la palabra Dios que en el libro de Génesis nos dice como todo lo que se ve se creó de lo que no se veía.
El Hijo de Dios es la causa del universo. Con ello, el escritor de Hebreos quiere resaltar la relevancia e importancia del Señor Jesús. Dichas palabras nos colocan en la cristología para comprender que a la par de su humanidad, Jesús era definitivamente un ser divino al cien por ciento.

El Hijo de Dios no comenzó a existir en el pesebre de Belén, en realidad su existencia se traslada mucho antes, al inicio de todo lo existente. Los filosofos buscaban todavía en los tiempos del Nuevo Testamento, la razón y origen del universo. La carta a los Hebreos soluciona rápida y sencillamente ese dilema: el Hijo de Dios es la causa.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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