La Biblia dice en Hebreos 1:11

Ellos perecerán, mas tú permaneces, y todos ellos se envejecerán como una vestidura.

Introducción

La cita del salmo ciento dos por parte del autor de la carta a los Hebreos para resaltar la magnitud, extensión, dimensión, volumen y tamaño de la grandeza del Señor es intencional y al asociarla con el Hijo tiene el objetivo de hacer igual al Hijo con el Padre, una verdad fundamental para entender la naturaleza de Cristo.

Una de las grandes tareas de los escritores del Antiguo Testamento fue precisamente establecer el “calibre” del Señor, es decir establecer las medidas de su grandeza y para ello recurrieron a ejemplos sencillos que nos ayuda a entender de que clase de Dios se trata el Ser que nos llama a servirle.

Una de las figuras retóricas o poéticas que nos ayuda a acercarnos a conocer el tamaño de Dios la usa el profeta Nahum cuando dice: “Las nubes son el polvo de sus pies”. El volumen de las nubes es inmenso y eso quiere decir, en sentido figurado, que si Dios pisa la tierra, las nubes se levantan como polvo, luego entonces, de qué tamaño son los pies del Señor.

El libro de Job es rico cuando se trata de acercanos a la magnitud de la grandeza de Dios. Los capítulos treinta y ocho al cuarenta uno Dios se presenta ante al patriarca y le muestra su grandeza manifestada en la creación. En cada pregunta que le formula Dios a Job encontramos una manifestación de su inmeso poder.

Les presentó algunas de ellas aquí para entender la magnitud del Dios del que escribe el autor de la epístola de los Hebreos y que relaciona directamente con el Hijo para mostrar que ambos comparten esa grandeza y que de ningún modo se puede pensar que el Hijo es menor en grandeza.

¿Sacarás tú a su tiempo las constelaciones de los cielos, o guiarás a la Osa Mayor con sus hijos? Job. 38: 32 Dios puso en el firmamento las grandes constelaciones del cielo. Fue él quien con su sabiduría estableció en el espacio sideral estrellas y galaxias a las que el hombre jamás podrá acceder y a las que solo puede acceder a través de telescopios.

Todo el Antiguo Testamento esta plagado de esta clase de expresiones. Dios abriendo el mar Rojo, el Señor deteniendo el río Jordán, o detiendo el sol, o volviendo diez grados la sombra del sol porque al final de cuentas es el dueño de todo y su Creador y sustendador.

La encarnación de Cristo, la incomparable revelación de Dios
Para mostrarnos la magnitud de tu grandeza
A. Porque los cielos perecerán
B. Porque los cielos se harán longevos

La palabra “permaneces” que usa el autor de la carta a los Hebreos y que toma del salmo ciento dos verso vieintiséis procede del vocablo hebreo procede de la raíz hebrea “madad” que se traduce como medir y también estirar. También se usa para expresar ideas como continuar o extenderse.

Al aplicarlo a Dios denota la idea de su grandeza sin medida o su extensión sin límite frente la pequeñez o transitoriedad del hombre. Dios no puede ser medido porque es excepcionalmente grande y esa naturaleza o condición la comparte con el Hijo y si la comparte con él es porque el Hijo es Dios mismo.

En griego la palabra permanecer tiene casi el mismo sentido. Procede de la raíz griega “diaméno”. Se traduce como “permanecer completamente”, “continuar completamente” o “permanecer a lo largo de” lo que nos lleva a considerar a Dios como un Ser que ha estado, está y estará.

Es justamente lo que más tarde el propio autor de la carta a los Hebreos nos mostrará al señalar con toda claridad que Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por los siglos de los siglos, como parte de su permanencia constante y sin pausa, algo que los creyentes del primer siglo debían entender claramente porque llegaron a pensar que Jesús fue temporal.

El Hijo comparte la misma naturaleza de Dios y no deja de ser nunca ni dejará de ser nunca pues el permanece siempre fiel.

A. Porque los cielos perecerán

El salmista utiliza lo más grande que está ante nuestros ojos para decirnos que ni ellos con toda su grandeza podrán permanecer para siempre. Los cielos que vemos inmensos, que nunca vemos su fin, un día perecerán, es decir un día dejarán de ser. La idea que repite el autor de los Hebreos la encotramos justo en el libro de Apocalipsis.

El último libro de la Biblia nos lleva a esa idea que puede parecer descabellada, pero Juan nos precisa que un día no muy lejano tendremos cielos nuevos y tierra nueva donde mora la justicia. Evidentemente el autor de la carta a los Hebreos, citando a los salmos, está usando una figura retórica para resaltar la permanencia de Dios.

Los cielos no fallecen, pues, no tienen vida en sí mismos, pero de esa forma llama nuestra atención para subrayar la verdad de que el Hijo que es Dios permanece de manera continua y permamente.

B. Porque los cielos se harán longevos

La idea del autor de Salmos y Hebreos es relacionar al Hijo con el tiempo, pero no en el sentido de eternidad porque la eternidad no tiene tiempo. En lo eterno no hay pasado, presente ni futuro porque es un espacio en el que Dios habita y que más adelante estudiaremos.

Al decir que los cielos envejecerán, el autor de la carta nos lleva a reflexionar sobre la importancia de entender que el Hijo nunca dejará de ser. Será más fácil que los cielos alcancen su máximo de vida y una vez que lleguen allí perezcan, en cambio el Hijo goza y gozará siempre de vida.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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