La Biblia dice en Proverbios 11:29

“Al que descuida su casa nada le queda; el necio siempre será esclavo del sabio.”

La palabra casa tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo tiene dos connotaciones: el edificio propiamente o la vivienda donde habitan personas y también la familia en sí, es decir el matrimonio formado por mamá, papá e hijos que viven en una casa donde se desarrollan física y moralmente.

El hogar tanto para el judaísmo como para el cristianismo es fundamental en la vida de una persona. Es el hogar el gran formador de personas. Si la labor de los padres se hace con responsabilidad le entregarán a la sociedad individuos con altos estándares de madurez y compromiso y respeto con sus semejantes.

En sentido contrario si los padres no hacen bien su labor cuando les corresponde formar a sus hijos, el resultado será desastroso no solo para ellos que tendrán que soportar hijo o hijas voluntariosos, sino la sociedad misma que recibirá a un individuo incapaz de ser solidario y empático con los demás.

Y ese es el sentido del que el proverbista habla en el texto que hoy meditamos. Descuidar a la familia por el trabajo, por divertirnos o por cualquier otra actividad corremos el grave riesgo de quedarnos sin absolutamente nada. La familia se convierte de esa forma, desde la perspectiva bíblica, en lo más valioso que un hombre puede lograr en este mundo.

Nada ni nadie puede sustituir a la familia. No es casual que la palabra hogar proceda de la expresión hoguera. Es decir los padres y los hijos generan “calor” familiar de tal manera que la convivencia entre ellos hace más llevaderas todas las inclemencias que podemos encontrar en este mundo.

Construir un hogar o una familia se convierte de esa forma en una de las más duras tareas, pero también una de las labores que más gratificaciones trae. El proverbista nos lo recuerda para trabajar en ella con ánimo, cuidarla con esmero y hacer de ella una de nuestras grandes prioridades, después del Señor.

Así, al final de la jornada, nos percataremos que fue la decisión más valiosa que hayamos hecho en este mundo, donde siempre se necesita la ayuda y auxilio de otros a la hora de enfrentar los grandes problemas que son inherentes a la existencia humana en mundo de sufrimiento dolor.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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