La Biblia dice en Marcos 4:35-41

En esto se desató una tormenta, con un viento tan fuerte que las olas caían sobre la barca, de modo que se llenaba de agua. 38 Pero Jesús se había dormido en la parte de atrás, apoyado sobre una almohada. Lo despertaron y le dijeron: —¡Maestro! ¿No te importa que nos estemos hundiendo? 39 Jesús se levantó y dio una orden al viento, y dijo al mar: —¡Silencio! ¡Quédate quieto! El viento se calmó, y todo quedó completamente tranquilo. 40 Después dijo Jesús a los discípulos: —¿Por qué están asustados? ¿Todavía no tienen fe? 41 Ellos se llenaron de miedo, y se preguntaban unos a otros: —¿Quién será este, que hasta el viento y el mar lo obedecen?

La vida cristiana se sostiene en una palabra que todos buscamos significar: la fe. Pero sólo Cristo a través de su Palabra puede enseñarnos sobre ella. No existe ningún otro libro o maestro que nos revele mejor que Jesús lo que esa palabra tan corta y sencilla implica. 

Cuando él estuvo en la tierra quiso que sus discípulos de entonces y nosotros también, entendiéramos la importancia de tener fe y lo necesario que es buscar convertirla en el impulso más grande en nuestras vidas. 

En la historia que hoy estaremos estudiando hay algunas preguntas que resuenan aún miles de años después: ¿Por qué tienen tanto miedo? ¿Todavía no tienen fe? ¿Dónde está su fe?

La fe evaluada por Cristo: Ninguna fe

A) Porque olvidamos que Dios está con nosotros

B) Porque nuestra primera reacción es el miedo

C) Porque dudamos del poder de Dios 

Los seres humanos somos cobardes por naturaleza y débiles por heredad, pero al venir a Cristo eso cambia. Porque cuando estamos mirando directamente a su persona es imposible seguir albergando miedo, desesperanza o frustración en nuestros corazones. 

Los discípulos estaban atravesando una situación que ante sus ojos era de vida o muerte. La narración de este momento en los evangelios nos detalla que una gran tormenta se había desatado, que el agua comenzaba a llenar la barca en la que viajaban y que corrían el riesgo de hundirse. 

Quizá si Cristo tuviera parámetros distintos, si no requiriera de sus seguidores una confianza absoluta, eso justificaría el hecho de que hayan olvidado (como tantos de nosotros lo hacemos) que en la barca iba el que estuvo ahí cuando fueron señalados los límites de los mares. 

  1. Porque olvidamos que Dios está con nosotros

El relato dice que Jesús dormía, sin embargo no estaba ausente, era parte de la tripulación. Había venido al mundo específicamente para llevar a cabo su obra redentora y los discípulos habían presenciado muestras de que Cristo era quien decía ser. Sin embargo, ante las aguas embravecidas se les hizo más fácil olvidar quién era el copiloto en ese viaje. 

Y entonces lo despertaron, fueron con el hombre que habría de dar su vida por rescate de todos a decirle: —¿No te importa que nos estemos hundiendo? La circunstancia los había rebasado y dudaron. 

Las dudas vienen y nos devoran cuando nos hemos despistado o distraído de la verdad más importante que ha sido dicha en este mundo: Dios está con nosotros. En el nombre de su hijo está esa promesa. Emanuel: Dios con nosotros. 

Y si eso no es suficiente para que esa certeza arda en nuestro corazones, antes de ascender al cielo, Cristo nos dijo nuevamente que él estaría con nosotros cada día de nuestras vidas hasta el fin del mundo. 

  1. Porque nuestra primera reacción es el miedo

Jesús despierta y de inmediato ordena al viento y a las aguas: callen, enmudezcan, silencio, quédense quietas. Y todo se calma. Mateo dice que la pregunta vino antes que la acción, mientras Marcos y Lucas la sitúan luego del milagro. En el momento que haya sido, la pregunta llegó: ¿Por qué tienes tanto miedo? ¿Todavía no tienes fe?  ¿Dónde está tu fe?

En el griego la palabra utilizada para miedo es deilós, que connota un impulso cobarde, lleno de miedo. El término aparece también en Apocalipsis 21:8 cuando son listadas las personas que no entrarán en el reino de Dios. 

Al hacerles esta pregunta Jesús estaba apelando a su incredulidad, quería llevar a sus discípulos y a nosotros también a una reflexión sobre los impulsos de nuestras vidas. Es decir, lo que nos mueve, nuestras motivaciones. 

En medio de la dificultad, ¿Cuál es nuestro primer movimiento? ¿Nos movemos impulsados por el miedo o por la confianza en Dios? 

  1. Porque dudamos del poder de Dios 

Luego de que el viento y las aguas recuperan su quietud, los discípulos seguían asustados y con incredulidad, pues asombrados y temerosos se preguntaban entre ellos: —¿Quién será este, que hasta el viento y el mar lo obedecen?

Pese a lo que acababan de presenciar seguían sin poder creer en el poder que emanaba de Jesús. Porque pese a haber pasado tanto tiempo con él y haberlo visto realizar milagros y prodigios, seguían sin estar totalmente convencidos de que Cristo era el hijo de Dios y que compartía con el Padre su poder y gloria. 

El primer síntoma cuando somos movidos por el miedo es que dudamos del poder de Dios. Ponemos en duda que él sea quién dice ser. Perdemos perspectiva y nos alejamos de la convicción y confianza que ya hemos depositado en el Señor. 

Así que ahora te pregunto en medio de esa circunstancia difícil: ¿Por qué tienes tanto miedo? ¿Todavía no tienes fe? En tu día a día ¿Dónde está tu fe? 

Pidamos a nuestro buen Dios que sea él quien nos enseñe a confiar, que siempre nos movamos por y en fe, sin olvidar que él está con nosotros. 

Miriam Flores
Web máster del sitio porfirioflores.org. Me gusta escribir y servir al Señor a través de los medios de comunicación. Por su gracia soy lo que soy. Oaxaca para Cristo.

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