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jueves, mayo 13, 2021
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Una fe práctica para una vida práctica nos ayuda a resistir las tentaciones

La Biblia dice en Santiago 1: 12-15

12 Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman. 13 Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; 14 sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. 15 Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte.

Introducción

De nueva cuenta Santiago aborda el tema de las pruebas y tentaciones. Algunas versiones de la Biblia traduce la palabra pruebas como problemas o dificultades. La palabra griega para “prueba” surge de la raíz “perirasmos” que tiene esos dos usos en todo el Nuevo Testamento: tentación y experimento o prueba.

En el libro de Santiago encontramos los dos usos. Nos hemos referido a la prueba justamente como prueba, problemas o dificultades y en esta ocasión nos referiremos ahora únicamente como la tentación en el sentido de incitación a hacer el mal, pecar y ofender a Dios a causa de nuestra naturaleza caída.

El autor de la epístola nos va a llevar por ese terrible enemigo que todos enfrentamos que la versión Reina Valera 1960 llama concupiscencia y que la mayoría de las versiones traduce como “deseos” o “pasiones”

La palabra concupiscencia o deseo procede de la raíz griega “epithumia” que a su vez procede de dos vocablos “epi”, que se traduce como centrando en o concentrado en.

La segunda palabra es “thymos” que se traduce como “deseo apasionado” por eso algunas versiones la traduce como pasiones. Solo que juntas los dos vocablos griegos que conforman la palabra le dan el sentido de impulsos porque son fuertes sentimientos los que nos llevan a ese estado.

Santiago nos va a conducir a lo largo de estos versos por este tema o problema con el que luchamos todos. Con el que batallamos porque nuestros impulos, deseos o apetitos carnales o caprichos la mayoría de las veces se oponen a la voluntad de Dios y nos conducen al fracaso.

Los creyentes del tiempo de Santiago luchaban como nosotro luchamos. La carta nos ayudará a entender este tema que nos servirá para hacer de nuestra fe una fe práctica para una vida práctica.

Una fe práctica para una vida práctica

Nos ayuda a resistir las tentaciones

A. Porque si resistimos seremos dichosos
B. Porque si soportamos recibiremos la corona de vida
C. Porque Dios jamás nos pondrá en tentación
D. Porque derrota nuestros deseos

No hay batalla más grande en esta vida que la que se libra en nuestro interior. Allí se dan las más formidables guerras cuando tratamos de agradar a Dios. Algunas personas ya no tienen se tipo de conficto porque están muertas espiritualmente, pero los hijos de Dios que quieren agradarle pelean por no caer.

Santiago nos conduce justamente por este gran conflicto para decirnos lo que ocurre si resistimos y lo que pasa si sucumbimos. Esa es la gran bendición de este pasaje que nos muestra los resultados positivos de resistir o aguantar la presión que se nos viene desde dentro de nosotros o claudicar y con ello fracasar.

La fe que tenemos o decimos tener se ha de manifestar en esos momentos en los que la tentación llega a nuestra vida. Cuando estamos luchando con nuestros vanos deseos o cuando estamos batallando con nuestras pasiones que se esconden en nuestro interior y que surgen cuando nuestros sentidos son estimulados.

A. Porque si resistimos seremos dichosos

Santiago comienza hablando del tema en su sentido positivo. Santiago dice que el varón que soporta la tentación es “bienaventurado”. Parece que los deseos del hombre son más fuertes que el de las mujeres porque no dice mujer, sino hombre. Eso nos plantea una verdad que tenemos que considerar. Los hombres son más propensos a esta clase de lucha.

Aunque no debemos olvidar que todos estamos sujetos a esta clase de problemas. Así nos lo enseña la primera gran tentación de la que nos habla la Biblia en Génesis tres cuando Eva fue tentada por el engañador y luego de su caída llevó a Adán a la misma condición que ella de separación de Dios.

El resultado de esa tentación la conocemos todos. Eva no fue más dichosa, ni más feliz, al contrario sufrió las consecuencias de sus actos de una manera muy triste: vio morir a su hijo Abel a manos de su propio hermano Caín en una historia lamentable que no hace más que recordarnos la gran equivocaión cuando creemos que nuestros deseos nos harán felices.

Santiago dice que el varón que resiste es bienaventurado. La expresión “bienaventurado” procede del griego “macarizo” que se traduce como dichoso, feliz, aunque el sentido que le daban los romanos a esta expresión era afortunado o persona con buena ventura. El que resiste la tentación es un hombre con mucha fortuna, según los romanos.

B. Porque si soportamos recibiremos la corona de vida

El verso doce de nuestro estudio dice así: porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman.

Hay una promesa inmensa para quienes luchan, combaten y pelean contra sus malos deseos. Una vez que hayan sido probados, o hayan sido puestos bajo escrutinio ellos recibirán la corona de la vida. La corona era una especie de premio que recibían los atletas que participaban en competencias en el imperio romano.

Era una manera de resaltar su condición de vencedores o victoriosos y Santiago la utiliza para referirse al premio o recompensa que recibirán quienes con esfuerzo y gran entrega logran sostener ante los embates de sus deseos de venganza, su deseos carnales y otros tantos que pueblan nuestra existencia.

Dios ha prometido que esa corona la recibirán todos aquellos que le aman. Con ello podemos comprender que la única manera de salir avante ante las tentaciones es amar a Dios, quien ama a Dios podrá derrotar sus pasiones que son una forma de egoísmo o de amarse a sí mismo.

La corona de la vida es un premio para quienes resisten la prueba y aman a Dios. Resistir y amar a Dios o amar a Dios y resistir son los requisitos o las condiciones para triunfar contra nuestras concupiscencias que están allí siempre, a veces agazapadas, listas para saltar en nuestra vida.

C. Porque Dios jamás nos podrá en tentación

Santiago es categórico al afirmar lo siguiente:

13 Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie;

La razón por la que escribe estas palabras es porque entre los creyentes de su época había la idea de que las tentación venían de Dios. Las tentaciones en el sentido de inclinación a hacer lo malo o dejarse llevar por sus deseos o pasiones. Algo totalmente equivocado y que el autor de la carta quiere corregir de inmediato.

La primera razón que esgrime para reabatir esta falsa premisa o pensamiento es que Dios no puede ser tentado por el mal. Es decir Dios no tiene ninguna inclinación hacia el mal humana. La idea de un Dios con debilidades era propia de la mitología griega y romana.
Pero en el caso de Dios no tenía, tiene ni tendrá esa clase de problemas exclusivos en el ser humano porque su naturaleza caída le llevó a tener en su interior malos deseos que se extereorizan cuando sus sentidos son excitados. El sentido de la vista es el primer sentido que se presta a los deseos carnales.

Luego de aclarar esa gran equivocación, Santiago afirma que como el Señor no puede ser tentado por el mal, entonces, él no tienta a nadie, es decir no provoca que los hombres luchen contra sus deseos. De ser así como Dios puede pedirnos que luchemos contra la tentación siendo él quien nos lleva a esa situación.

D. Porque derrota nuestros deseos

Finalmente Santiago nos acerca un poco más a conocer como actúa nuestro ser ante una tentación.

Los versos catorce y quince dicen de la siguiente manera:

14 sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. 15 Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte.

Los deseos conciben el pecado y el pecado concibe la muerte, dice el autor de la carta. Son tres elementos que el cristiano tiene que enfrentar: deseos o pasiones, pecado o maldad y finalmente la muerte.

La tentación surge cuando nuestros deseos nos atraen y seducen. La palabra atraer tiene la idea de la señuelo o cebo que se pone para cazar o pescar. La idea es que la tentación es una especie de trampa que nos saca de nuestro lugar de seguridad para atraparnos. La palabra seducir y la palabra atraer tiene esa misma idea.

Cuando pecamos morimos o perdemos la comunión con Cristo. El pecado trae muerte a nuestra vida de allí la relevancia de resistir las tentaciones.

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