La Biblia dice en Éxodo 13:9

“Y, como si tuvieran ustedes una marca en el brazo o en la frente, esto les hará recordar que siempre deben hablar de la ley del Señor, pues él los sacó de Egipto con gran poder.”

Los seres humanos olvidamos muy fácilmente los favores, pero los agravios los tenemos presentes como si hubieran sido ayer mismo. Este problema se traslada a todos los campos de nuestra vida y particularmente a nuestra relación con Dios porque en muchas ocasiones perdemos de vista todo lo que hemos recibido de su persona.

Esta actitud irremediablemente nos conduce a no recordar todo lo que Dios ha hecho por nosotros y eso nos hace, no solo desmemoriados, sino ingratos y también nos lleva a la preocupación, angustia y desesperación porque nos abatimos al pensar que nuestras dificultades no tienen solución.

Esa fue la razón por la que Moisés les dijo a los hebreos que habían salido de Egipto que se pusieran una marca en el brazo o en la frente de tal manera nunca olvidarán lo que había hecho Dios por ellos enviando diez plagas de tal manera que Faraón no tuvo más remedio que liberarlos.

Evidentemente no se trataba de hacerse un tatuaje en sus brazos o en su frente, sino que pusieran toda su voluntad para no olvidar. ¿Y cómo se puede lograr eso? Es un ejercicio diario. Es de cada día mantener presente lo que Dios ha hecho por nosotros. Así se construye una memoria agradecida.

La liberación de Egipto se constituye para los hebreos como el punto de partida para reconocer las obras de Dios. Debían de recordar siempre de dónde los había sacado Dios y nosotros a diferencia de ellos, pero igual para no olvidar debemos recordar diariamente de donde Dios no sacó.

Hundidos en la maldad, esclavizados por el pecado nos libertó. Ese ejercicio diario nos hará evitar la ingratitud y mantenernos fieles al Señor, como si tuviéramos una marca en el brazo o en la frente. Necesitamos ejercitar nuestros recuerdos y traer solo aquellos que nos hagan tener una memoria fuerte que nunca olvide de donde nos llamó el Señor.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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