La Biblia dice en Ezequiel 3: 1

“Entonces me dijo: Tú, hombre, cómete este escrito, y luego ve a hablar a la nación de Israel.”

La versión Reina Valera 1960 traduce este verso así: “Me dijo: Hijo de hombre, come lo que hallas; come este rollo, y ve y habla a la casa de Israel.” En tanto que la traducción Biblia Latinoamericana lo hace así: “Y me dijo: Hijo de hombre, come lo que te presentaron, come este libro y anda a hablar a la gente de Israel.”

Los tres textos nos ayudan a entender que Ezequiel nos está hablando en sentido figurado. La orden que recibió es que comiera un rollo de escritura, que hace siglos se usaba para escribir, lo que hoy sería un libro. Eso quiere decir que la orden que recibió es que degustara un volumen, como traducen otras versiones.

Evidentemente no era algo literal lo que se le estaba pidiendo, sino algo en sentido poético o figurado. La orden que estaba recibiendo Ezequiel es que la palabra del Señor debía penetrar en su corazón con tal fuerza que para ello tenía que hacer como si estuviera probando o comiendo un alimento.

En otras palabras, la indicación que estaba recibiendo antes de ir a compartir la palabra de Dios con el pueblo de Israel, que lamentablemente no lo iba oír, sino rechazar y eventualmente perseguirlo a él, era que degustara la revelación divina para tener fuerza para la labor que habría de emprender.

No es la única ocasión en la que la Escritura es comparada con un alimento. Jeremías, Moisés, Juan, el propio Jesús y el libro de los salmos tienen esa figura retórica que llama a la Biblia como si fuera comida, pero no cualquier clase de comida, sino aquella que fortalece y vigoriza el espíritu.

El profeta Ezequiel tuvo un llamado entre los cautivos de Israel que estaban en Babilonia, resentidos, frustrados y hasta amargados porque estaban exiliados en una tierra que no era suya y sobre todo, Jerusalén, su ciudad, estaba destruida, sin que al parecer Dios hubiera hecho algo por ella y por ellos.

En esa condición era difícil que oyeran al profeta o atendieran la revelación divina y por eso Dios le pido a su profeta que se fortalezca antes de hablar con esa clase de gente para tener la fuerza suficiente para soportar y no desalentarse ante la respuesta negativa de personas que habían perdido la fe.

Nos queda claro que la palabra de Dios es nuestra fuerza para permanecer firmes cuando nos encontramos con personas que a pesar de que conocen a Dios su corazón se ha endurecido.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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