La Biblia dice en 1ª Tesalonicenses 5: 18

“Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.”

La gratitud es una de las prendas más valiosas con las que puede contar una persona. Ser agradecidos con nuestros benefactores constituye una virtud que no todos los seres humanos poseen porque no se nace con ella, al contrario se siembra y se cultiva cada día en la vida de hombres y mujeres. 

El apóstol Pablo fue un hombre agradecido. Supo retribuir siempre a quienes de alguna o de otra forma le apoyaron en su ministerio. La larga lista de personas en el último capítulo de la carta a los Romanos es una muestra palpable que supo aquilatar y valorar a quienes en pequeña o gran medida fueron solidarios con él. 

El agradecimiento es un imperativo cristiano. Se trata de, en primerísimo lugar, ser agradecidos con el Señor. Todos los bienes y por qué no, también los males deben ser motivo de gratitud al Señor. Olvidar lo que hizo, ha hecho y hará por nosotros es una manera de caer en la ingratitud, una característica de los malvados. 

Pero también agradecer a nuestros semejantes, que ha hecho algo por nosotros, por más insignificante que parezca debe convertirse en un hábito y una práctica cotidiana que nos ayudará grandemente a entender que en esta vida somos seres que siempre estaremos necesitados de un favor, aun teniendo mucho poder. 

Y la gratitud es justamente un acto de profunda humildad porque nos hace recordar que jamás estaremos exentos de pasar por un temporada o tiempo de grandes necesidades y entonces requeriremos el auxilio de otros o muchas personas que puedan ayudarnos a sobre llevar esa adversidad. 

Pablo tenía en mente esa verdad cuando le escribió este verso que hoy meditamos a los hermanos de la iglesia de Tesalónica. Quería que entendieran que la gratitud es una forma de cumplir con la voluntad de Dios. Una personas agradecida es una persona que está cumpliendo con los mandamientos de Dios. 

Se trata de que nos demos cuenta que una persona agradecida cuenta con el favor de Dios, en cambio un mal agradecido o ingrato se encuentra en una posición compleja porque está en contra de la voluntad de Dios. El ingrato vive de manera egoísta, pensando que la gente tiene la obligación de ayudarle. El agradecido sabe que no merece nada por eso agradece. 

La gratitud es un ejercicio sencillo y simple, pero también generoso a la vez. Sencillo porque basta con decir gracias y generoso porque tenemos que deshacernos de nuestra soberbia para aprender a pronunciar esas sencillas palabras. 

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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