La Biblia dice en Proverbios 16:31

“Las canas son una digna corona, ganada por una conducta honrada.”

El autor de Proverbios usa el término canas para referirse a la vejez a la que solo por la gracia de Dios se llega y en la que según Erasmo de Roterdam en su estupenda obra “Elogio a la locura” los hombres regresan a su segunda infancia porque en muchos casos requieren del auxilio de otra persona para subsistir como cuando eran niños.

La tercera edad como se le conoce a la senectud es, lo queramos aceptar o no, la sumatoria de todos nuestros actos en la vida. Los antiguos pobladores de Canadá solía decir: el rostro a los veinte años es el que Dios te ha dado; a los cuarenta años es el que te mereces y a los sesenta el que te has ganado.

De esa forma ponen el acento en que uno llega a la ancianidad y comienza el corte de caja y uno puede llegar a ese tiempo de la vida con una corona o sin ella, depende básicamente de una conducta honrada que se desplegó durante toda la vida. Hay personas que llegan a la vejez repudiados. Inmensamente solos y en ocasiones abandonados.

Otros, en cambio, llegan a ese tiempo rodeados de amor, acompañados por los seres a los que prodigaron amor, paciencia, ayuda y compañía. La senectud se convierte así en una digna corona que recibe quien desde su juventud procuró vivir de acuerdo a estándares de ayuda a los demás, despojo de egoísmo y entrega a una vida honrada.

El libro de Proverbios nos hace pensar de esa manera al destino inexorable al que todos nos dirigimos, en el que algunos ya estamos instalados y en el que muchos ya pasaron para hacernos reflexionar sobre la clase de vida que llevamos a fin de corregir nuestra conducta si estamos viviendo exclusivamente para nosotros o para ayudar a los demás.

Los seres humanos nos confiamos demasiado pensando que esa etapa de la vida tardará en llegar a nosotros, pero lo cierto es que el tiempo avanza a pasos agigantados y lo que en un tiempo vimos como un lugar distante de pronto se ha instalado en nuestras vidas con todas sus incomodidades que trae consigo.

Una vejez digna se construye con actos buenos día a día. Con hechos responsables sin olvidar nunca que, lo aceptemos o no, hacia allá vamos todos.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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