La Biblia dice en 1ª Pedro 5:11

“La iglesia que está en Babilonia, la cual Dios ha escogido lo mismo que a ustedes, les manda saludos, y también mi hijo Marcos.”

A Pedro le gustó la ironía y así escribió saludando a la iglesia que está en Babilonia, una manera en la que los cristianos del primer siglo llamaron a Roma no solo por su infame moral, sus costumbres disolutas, sino también por su exacerbada religiosidad que lo mismo lo hacía venerar dioses virtuosos como ídolos inmorales y abiertamente perversos.

Pero justamente allí floreció una iglesia. La iglesia a la que Pablo escribió sino la más profunda carta de todas las que hizo, si la más teológica, la más doctrinal y la que ha sido y es base de la vida cristiana comunitaria práctica. En la capital del imperio más poderoso por siglos una congregación resistió y se levantó para testimonio a los gentiles.

Babilonia fue catalogada por el apóstol Juan en su libro de Apocalipsis como la gran ramera, como la madre de todas las abominaciones, siguiendo con una línea de pensamiento que los primeros líderes de la iglesia primitiva tuvieron con respecto a la condición espiritual de la ciudad de Roma y de todo el imperio romano en general.

Pero allí, dice Pedro en su primera carta, estaba asentada una iglesia que fue escogida por el Señor. Dios miró ese lugar y tuvo compasión de la ciudad y erigió un pueblo suyo allí que enfrentaba, claro que sí, una gran oposición y una gran batalla por mantenerse fiel al Señor en un entorno extremadamente secular y abiertamente inmoral.

Pedro fue intencional al llamar a la iglesia de Roma como la iglesia que estaba en Babilonia para hacerles ver a sus lectores que estaban asentados en una ciudad y en un imperio insolente a la verdad de Dios, que habían tergiversado totalmente al Dios del cielo y de la tierra y lo habían mutado en ídolos abominables.

Tenían que saber, como nosotros tenemos que saber, que la iglesia es luz en la oscuridad, es verdad entre la mentira y el santa entre lo mundano y profano. Las palabras del apóstol Pedro nos llevan a pensar que no estamos en lugar perfecto, al contrario estamos en medio de una sociedad que detesta la vida espiritual y prefiere el placer momentáneo.

La iglesia en Babilonia que saluda Pedro en su carta es el recordatorio que esta no es nuestra patria, ni nuestro hogar y que nunca debemos asimilarnos en ella, que debemos mantener íntegro el mensaje de Cristo y sobre todo debemos recordar que luchamos por no permitir su influencia en nuestras vidas.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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