La Biblia dice en Eclesiastés 8:5

El que guarda el mandamiento no experimentará mal; y el corazón del sabio discierne el tiempo y el juicio.

Introducción

Cuando estaban a punto de entrar a la tierra prometida, Moisés condujo al pueblo de Israel a dos montes para instruirlos claramente sobre la diferencia entre la obediencia y desobediencia a fin de que no tuvieran ninguna duda sobre las consecuencias de su conducta en cualquiera de esas dos actitudes.

El monte Gerizim y el monte Ebal fueron utilizados para saber que la conducta de los judíos sería sometida a revisión. En Gerizim estarían Simeón, Leví, Judá, Isacar, José y Benjamín para pronunciar las bendiciones que traería consigo acatar las ordenanzas del Señor y en Ebal estarían Rubén, Gad, Aser, Zabulón, Dan y Neftalí las maldiciones por no hacerle caso.

El relato de lo anterior lo encontramos en Deuteronomio 27-28 y Salomón usa esa verdad para afirmar “el que guarda el mandamiento no experimentará mal”, que se puede plantear de manera distinta, pero igual así: el que desobedece experimentará mal, sin embargo opta por la primea fórmula para resaltar que la obediencia exime del mal a quien se somete.

Esa es una ecuación que toda la gente conoce, incluyendo a los inconversos o la gente que vive sin Dios. Todos saben que una persona que obra mal, generalmente terminará sufriendo el mal, sin embargo el conflicto o problema comienza cuando la persona no hace mal, sino bien y las cosas o la vida le resulta como si hiciera mal.

Y esta es la idea que vincula la primera parte del verso que hoy meditaremos porque en este escenario se necesita sabiduría y discernimiento para comprender el tiempo y el juicio, dice la versión Reina Valera 1960, aunque algunos optan por traducir juicio como criterio, que es una capacidad reservada para quienes en realidad quieren pensar y meditar.

Los seres humanos siempre necesitamos explicación sobre los tiempos difíciles que vienen a nuestra vida, sobre todo cuando nuestra conducta se ajusta a lo que Dios demanda porque cuando hacemos bien esperamos que nos lleguen bienes y no males. Para esos días Salomón tiene una palabra que compartir con nosotros.

Los días malos como les llama tanto Salomón como Pablo son sumamente complejos a diferencia de los días buenos que no necesitan ninguna clase de explicación, sino valoración.
El hombre que ve pasar los días, semanas, meses y años ante su persona sin hacer ninguna clase de reflexión sobre los mismos está condenado a vivir por vivir y esa actitud es sumamente negligente y terriblemente sin sentido porque de esa manera viven los animales que solo respiran sin saber que será de su vida en este mundo.

Salomón apela a nuestra razón al momento de pedir discernimiento y juicio ante los días adversos que llegan a nuestra existencia. Cuando haciendo el bien padecemos necesitamos comprender esos días para enfrentarlos y no desalentarnos ni deprimirnos por los negativos resultados de hacer el bien.

La implacable batalla contra el tiempo
Para distinguir los días que enfrentamos
A. La desobediencia acarrea días malos
B. La obediencia debe acarrear días buenos

Dos palabras en este verso son fundamentales para entender el tiempo que enfrentamos: 1.Discernir y 2. Juicio.

La primera de ellas, discernir, procede del vocablo hebrea “yedá” que en la Biblia Reina Valera 1960 se traduce sencillamente como saber claramente. El vocablo discernir nos hace pensar en una capacidad para saber distinguir, diferenciar o diferenciar una situación de otra o una cosa de otra, pero para ello se necesita pensar correctamente.

Un hombre sabio tiene ese capacidad. Una persona necia no puede hacer ese ejercicio mental porque le está impedido por su condición natural. Es una capacidad para aquellos que hacen un esfuerzo.

La segunda palabra que es importante entender su significado es “juicio”, que procede del vocablo hebreo “mishpat” que literalmente quiere decir “declarar derecho”, es decir es una sentencia que toma en cuenta varias o diferentes perspectiva de un asunto. Por eso algunas versiones prefieren traducir como criterio.

Lo que nos lleva a pensar que el tiempo o la vida en este mundo reclama dos cosas, discernimiento, es decir conocer con claridad y luego capacidad de saber obrar en consecuencia de lo que alcanzamos a conocer. En otras palabras el tiempo exige de las personas razón y sentido común.

A. La desobediencia acarrea días malos

Esta es una verdad que descubrimos a la largo de la Biblia. Cuando Job fue probado sus amigos que llegaron supuestamente a consolarlo le dijeron justamente esas palabras. Que estaba en esa condición porque había pecado. La teología de la retribución fue su conclusión, pero una conclusión precipitada y en consecuencia equivocada en Job.

Pero regularmente eso ocurre. La desobediencia trae consigo grandes males a la vida de las personas. La rebelión nunca paga bien a los rebeldes y Salomón lo sabe perfectamente por eso escribe que muchos de los días malos que experimentan los hombres en este mundo surgen por la condición pecaminosa.

Uno debe entender, entonces, que hay que alejarse de esa clase de estilo de vida para evitar lo que de por sí ya es complicado, complicarlo más. Entonces uno se corre de la desobediencia a la obediencia y uno espera que como resultado de esa decisión a la vida solo lleguen bienes. Pero eso a veces no ocurre.

B. La obediencia debe acarrear días buenos

Eso es lo que debe ser, pero a veces no ocurre. Esa es la razón del título de este punto de nuestro estudio. La gente supone, y supone bien, que una persona que se dedica a hacer el bien todo lo que hace le debe salir bien, pero en ocasiones no ocurre así. De hecho el salmo treinta y cuatro nos dice que muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas le librará Dios.

Eso quiere decir que a veces el bien obrar traerá malos días o momentos de gran dificultad para el piadoso o el justo que quiere agradar a Dios, lo que para muchos resulta algo insostenible y muchas veces intolerable por lo que deciden dejar de hacer el bien para vivir obrando de acuerdo a sus circunstancias.

Y esta es la razón por la que Salomón escribió el verso que hoy meditamos. Cuando por hacer lo bueno nos vienen problemas necesitamos con urgencia y con apremio discernir los tiempos y actuar con justicia o con criterio para no equivocarnos en nuestro diagnóstico y en la solución del problema.

Cuando una persona que hace bien pasa por esos momentos en los que parece que ha hecho mucho mal debemos ser sumamente considerados y sensibles porque no sabemos nada de lo que sucede y no debemos parecernos a los amigos de Job que sin saber lo que sucedía en el ámbito espiritual condenaron a su amigo.

Pero también, cuando somos nosotros los que estamos en esa misma situación debemos ser sumamente prudentes y como dice Salomón sabios porque estamos frente a una situación que desconocemos su razón u origen. Dios nos está sometiendo a un proceso que solo él conoce las razones y nosotros, no.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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