La Biblia dice en Juan 4: 44

Porque, como él mismo dijo, a un profeta no lo honran en su propia tierra.

Aunque nació en Belén de Judea, Jesús creció en Nazaret de Galilea. Allí fueron conocidos sus padres y sus hermanos. Era por adopción un galileo, despreciado al igual que sus coterráneos por los judíos de la capital porque los veían como seres inferiores ya que ningún profeta había salido de entre ellos. 

Ese duro trato que recibían lo canalizaron o descargaron con Jesús. Cuando el Señor comenzó su ministerio y volvió a su tierra nunca lo reconocieron como el Mesías. En otros lugares de Israel fue reconocido y aplaudido como el Mesías que había de venir, pero entre los suyos no fue así. 

Y desde, entonces, se dice que a un profeta no lo honran en su propia tierra, es decir que un mexicano puede ser un gran triunfador en alguna actividad humana, pero difícilmente se le reconocerá en su patria. Y lo mismo en otras latitudes porque hay una especie de negación o rechazo a quien sobresale en alguna actividad. 

Por supuesto que a Jesús de ningún modo le hizo mella la actitud de sus compatriotas pero lo hizo notar para nosotros, para que aprendiéramos y entendiéramos que si sobre sales en alguna actividad no esperes que te reconozcan o te admiren. Eso no va a suceder, por lo menos en tu tierra o entre tu parentela. 

Lo que Jesús dejó como ejemplo de su vida con la frase nadie es profeta en su propia tierra, como lo expresamos en México, es que debes resignarte a pasar desapercibido entre los tuyos a pesar de contar con talentos y capacidades que en otros lugares son admirados y reconocidos. 

Entre los tuyos difícilmente serás reconocido. Espera mejor la indiferencia, incluso los ataques y hasta las murmuraciones porque la gente difícilmente le reconoce a los vivos sus logros, pero en cuanto mueren, entonces, vienen en cascada las buenas obras que realizó el difunto, salen sus grandes ideas y pensamientos que tenía en vida, pero antes no. 

Jesús quiso curarnos de ese mal que viene con la fama o el reconocimiento, el deseo de que todos volteen a vernos, pero eso no sucederá porque las personas difícilmente admiten que alguien es mejor que ellos. Prefieren ser indiferentes que alabar o adular a alguien que se ha esforzado por triunfar en esta vida. 

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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