La Biblia dice en Salmos 82:8

“Levántate, oh Dios, juzga la tierra; porque tu heredarás todas las naciones.”

El único juez justo sobre la tierra es Dios. Los jueces humanos dan muestra una y otra vez de que la facultad que Dios les delegó para otorgar a cada persona lo que merece cuando quebranta la ley la usan a su conveniencia o a la conveniencia de los poderosos que parecen tener la justicia comprada.

Las injusticias las vemos a diario. Basta con leer los periódicos, escuchar y ver los noticiarios para percatarnos que la justicia se simula, que se castiga al pobre porque no se puede defender en los tribunales, que los poderosos dictan leyes que les benefician y que el derecho se trastoca siempre en perjuicio de muchos.

El salmo ochenta y dos nos lleva estas reflexiones. Asaf nos lleva a cantar a Dios pidiéndole que se levante para juzgar la tierra porque la justicia humana ha fallado y se ha pervertido con jueces corruptos que usan sus cargos para sacar provecho sin detenerse a considerar que Dios los puso allí para hacer una labor de gran importancia.

No es que Dios esté sentado o apático de todo lo que ocurre en el mundo, más bien el llamado que el salmista le hace es para que actúe castigando a quienes en lugar de fomentar la justicia entre los hombres solo se dedican a mirar por hacer dinero vendiendo sus fallos a quienes pueden comprarlos.

Y Dios se abroga la facultad de castigar o sancionar a esta clase de magistrados porque él es el dueño de todo. Las naciones son suyas y como propietario del mundo puede hacer lo que le plazca. No es algo arbitrario o sin derecho. Dios tiene todo el derecho sobre la humanidad porque es el dueño de la tierra y todo lo que en ella habita.

Juzgar es una de sus prerrogativas, facultades y derechos. Asaf le suplica que ante las injusticias de este mundo intervenga y evite que los jueces sin conciencia sigan juzgando sin temor del daño que le hacen a las personas que confían en su honorabilidad.

El salmista clama por justicia divina ante los grandes yerros de la justicia humana. La corrupción moral del ser humano tiene su mejor expresión en esta clase de jueces que a sabiendas de que su labor es fundamental para la sociedad, sin ningún empacho se dedican a hacer de la justicia un negocio.

Ellos recibirán la justa retribución a su mal actuar.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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