La Biblia dice en Eclesiastés 11:1

“Echa tu pan al agua; después de algún tiempo lo encontrarás.”

El siglo XXI parece decidido a convertir a los seres humanos en la generación de la inmediatez. Todo es rápido: transferencias bancarias, viajes ultra veloces a lugares insospechados apenas hace unos cuantos años, compras de casi cualquier producto desde comida hasta sofisticados aparatos electrónicos que llegan sin necesidad de salir de casa.

Nos abruma y sobrepasa tanta rapidez para bienes y servicios que no hace mucho tiempo se tenían que esperar para obtenerlos, sin embargo esta dinámica tiene sus grandes beneficios, pero irremediablemente produce hombres y mujeres impacientes, seres que todo lo quieren rápido y esperar o tener paciencia no entra dentro su conducta.

Salomón escribió el libro de Eclesiastés que es un tratado de filosofía, pero no el sentido de la filosofía griega que buscaba a través de la razón encontrar el origen de todo. Salomón no pierde tiempo con esa interrogante. El sabio Salomón parte de una verdad que es suficiente y efectiva para evitar esa discusión insustancial: el origen de todo es Dios. El alfa y la omega.

Eclesiastés es un abecé de filosofía en el sentido de que nos muestra la necesidad de entender nuestro tiempo y nuestra realidad. El Eclesiastés es un llamado a la razón, sin perder nunca la fe, pero usando la capacidad racional que Dios nos dio y que nos hace distinto a otros seres vivos que respiran como nosotros, pero son incapaces de pensar.

Y esa capacidad todos la tenemos. Nadie nació privado de ella, Dios fue sumamente generoso con todos y podemos reflexionar y meditar, ¡claro, si queremos! A nadie se le obliga a utilizar su entendimiento y justamente en ese libro Salomón nos da un valioso consejo que lleva aparejado un llamado a la paciencia, a saber esperar, y también arriesgar.

El verso que hoy meditamos es un proverbio o una sentencia o refrán colocado en Eclesiastés y no en Proverbios porque la temática del Predicador es sobre el tiempo: pasado, presente y futuro. Y ante el futuro el hombre debe aprender a esperar o no caer en la impaciencia y querer resultados inmediatos en un trabajo, empresa, negocio o proyecto.

No es literal arrojar el pan sobre el agua. Más bien es una manera de invertir lo más valioso que hay en esta vida como es el tiempo y luego esperar. Invierte en tu preparación, mejora lo que haces. Al bien a lo que te dedicas y tarde o temprano cosecharás el fruto de ese esfuerzo y dedicación.

Invierte, planta, siembra y tarde o temprano obtendrás el fruto de ese esfuerzo. Pero no desistas nunca. Que el mundo no te encasille en la inmediatez o rapidez de los resultados.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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