La Biblia dice en Proverbios 5: 4-5

Pues la mujer ajena habla con dulzura y su voz es más suave que el aceite; pero termina siendo más amarga que el ajenjo y más cortante que una espada de dos filos.

El adulterio es uno de los pecados más engañosos y destructivos que hay en esta vida. Daña a quienes piensan que la van a pasar muy bien y lesiona la vida de personas inocentes que son arrastradas por la infidelidad de quienes debían de mantenerse firmes en su lealtad con su esposo o esposa.

Ese es uno de los temas que más se desarrollan en el libro de Proverbios para alertar a los hombres particularmente del grave riesgo que tiene su vida matrimonial de no mantenerse sensatos o prudentes, ante la mujer que no sea su esposa. La mujer ajena o la mujer extraña le llama la Escritura.

Eso quiere decir que la consorte del esposo es su mujer propia, la que le pertenece o le corresponde y fuera de allí no puede ni debe, bajo ninguna razón dejarse llevar por otro tipo de relación porque sí bien la aventura pareciera ser dichosa en realidad el fin de esa historia es amarga como el ajenjo.

Es interesante notar que el llamado a cuidarse de esa clase de mujer es para el hombre y no a la inversa, es decir que la mujer se cuide del hombre extraño o ajeno. Es el varón sobre quien recae la responsabilidad de saber preservar su vida matrimonial, de cuidar su relación de pareja para no padecer las terribles consecuencias que nacen de un adulterio.

El proverbista tiene un gran interés en este tema porque sabe que una infidelidad puede ser letal ya que provoca situaciones que lastiman a todos quienes se ven rodeados de esa maldad: esposo, esposa, hijos, familiares cercanos, amigos, vecinos y conocidos, todos son salpicados con esa fallida y equivocada relación extra marital.

El hombre debe conocer y reconocer la mujer propia y la mujer ajena. En dicha capacidad está sentando las bases de lo que será su vida. Si vive solo para su esposa tiene garantizada una vida en paz y una vejez sin tantos sobre saltos, pero si opta por la mujer ajena ha comenzado a cavar su tumba a la que llegará tras una penosa agonía.

Los amantes disfrutan unos cuantos días de alegría y placer, pero viven para siempre en la vergüenza y desdicha por haber dañado a otros, por haber construido su “felicidad” a costa del dolor de otros y ninguna cantidad de dinero podrá reparar el mal que le hicieron a quienes confiaron en ellos.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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