La Biblia dice en Génesis 2: 22  

De esa costilla Dios el Señor hizo una mujer, y se la presentó al hombre.

El sabio Maimónides, médico y rabino de gran talante intelectual escribió su Guía para perplejos que es una obra valiosísima para acercarnos al judaísmo y a los conceptos primordiales de esa fe desde una perspectiva intelectual, por supuesto sin dejar de lado la fe en Dios, sino acompañado de la razón para comprender mejor el mensaje de la Escritura.

Ese trabajo fue preservado por los hebreos por su importancia para comprender la herencia intelectual de ese gran sabio, Maimónides, cuyo nombre completo era Moisés ben Maimón, pero que desde siempre ha sido llamado así, que fue un rabino sefardí que vivió en el año mil cien de la era cristiana y además fue un gran médico.

En ese libro el autor escribe sobre Génesis dos verso veintidós que cito textualmente:

“Los dos nombres con que al principio se designan al hombre y la mujer hiciéronse extensivos después al macho y la hembra de todas las demás especies (de) animales. Así se dice: De todos los animales puros toma dos setenas (sietes), al hombre y su mujer» (Gn 7:2), equivalente a «macho y hembra.”

“Posteriormente el sustantivo ‘issa” se aplicó en sentido metafórico a cualquier objeto apropiado para ensamblarse con otro, como en el caso de: Las cinco cortinas irán unidas una con otra (lit. «la hembra con su hermana»). Está claro que ‘ahôt (hermana), al igual que ‘ah («hermano»), se emplean como sinónimos de ‘îs (hombre) e issa  (mujer).

La palabra hebrea para mujer es issa y esa expresión metafórica que nos lleva a pensar que se trata de alguien que es muy apropiado para ensamblarse con otro. Eso quiere decir que la mujer tiene un diseño divino para conectarse no solo físicamente con el hombre, sino emocionalmente también. 

El hombre, entonces, no puede ser sin la mujer y por supuesto la mujer no puede ser sin el hombre por diseño divino. El Creador del hombre y la mujer los diseñó de tal manera que ambos se necesitan y se requieren, los dos no pueden subsistir el uno sin el otro, lo que les otorga a los dos una importancia incalculable. 

La mujer merece todo reconocimiento porque junto con el hombre constituyen la corona de la creación del Señor, pero nunca por encima del varón, sino más bien como complemento recíproco. 

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

Deja tu comentario