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miércoles, julio 28, 2021
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La nada

La Biblia dice en 1ª Corintios 13: 2

Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes y no tengo amor nada soy.

Si algo resulta impresionante en la iglesia es un creyente o creyentes con dones capaces de anunciar eventos futuros, descubrir las profundidades de la palabra de Dios y obrar grandes milagros. Esas capacidades patentizan el poder de Dios y convierten a su poseedor o poseedores en personajes de una gran importancia o relevancia.

Pero profetizar, hablar palabra de ciencia -una capacidad para entender y comprender verdades espirituales y aplicarlas a determinados casos- y tener un fe capaz de llamar a las cosas que no son como si fueran carecen de todo valor si al practicarlos se deja a un lado o se ignora al amor.

El apóstol dice que quienes tienen esos dones y no tienen amor son nada, lo que nos revela claramente que el amor tiene una importancia muy grande en la vida cristiana. Se trata de la virtud más indispensable para que lo que se haga y se diga en la iglesia tenga valor y relevancia.

Es sumamente interesante la palabra “nada” que usa el apóstol Pablo en este texto. La Real Academia de la Lengua Española la define como la inexistencia total o carencia absoluta de todo ser. Procede de la raíz griega “oudeis”. En el Nuevo Testamento se traduce como “no” y “ninguno”.

Al utilizar esa expresión para decir que sin amor un creyente puede ser nada, Pablo quiere advertir seriamente a sus lectores sobre lo peligroso que puede resultar moverse en dones sobrenaturales, pero olvidar que se debe amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos en cualquier lugar y en cualquier circunstancia.

El autor de la 1ª Carta a los Corintios está precisando con toda nitidez que esos dones que mencionan son incapaces de hacer una persona si se ejecutan sin amor. Es decir, el amor hace que una persona sea o exista aun sin dones. El amor puede reemplazar esos dones, pero esos dones por más formidables que sean no podrán nunca reemplazar el amor.

Sin amor, nos dice Pablo, somos nada. Con todo y que poseamos las más espectaculares habilidades divinas en medio de la iglesia. Simplemente no tiene sentido o valor impresionar a nuestro semejante si nos conducimos con total ausencia de amor. El creyente sale de la nada cuando ama, teniendo dones o no teniendo dones.

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