La Biblia dice en Proverbios 5:1-2

Hijo mío, está atento a mi sabiduría, y a mi inteligencia inclina tu oído, para que guardes el consejo, y tus labios conserven la ciencia.

A lo largo de todo el libro de los Proverbios se respira la estrecha relación entre un padre y su hijo. El padre es el maestro, el guía, el instructor, el corrector y sobre todo el gran ejemplo a seguir en esta vida por su madurez, por su responsabilidad y sobre todo por su determinación de vivir de acuerdo a los estándares que Dios marca.

Salomón nos conduce a la paternidad responsable que va más allá de solo engendrar y convertirse en el proveedor del hogar. El proverbista nos acerca a la clase de progenitor que deben ser los padres y por encima de todo a la enorme responsabilidad de formar hijos con un perfil que honre a Dios como primera obligación y en consecuencia a sus padres.

Qué difícil resulta la vida para todos cuando carecemos de un papá que nos oriente. En el caso de los varones es notoria la ausencia paterna porque la formación queda en manos de extraños y los aprendizajes de vida son adquiridos mediante experiencias que a veces son demasiado traumáticas.

Pero en el caso de las mujeres la falta del cobijo paterno provoca grandes y profundas carencias emocionales que se traducen en inseguridad, que de no reconocerse y tratarse pueden hacer de la vida de ellas una búsqueda constante y permanente de la figura paterna en sus relaciones sentimentales.

El libro de Proverbios es de una profunda sabiduría porque si bien su estilo es el de un padre hablando con su hijo, bien puede encuadrar con el de Dios hablando con nosotros. Es decir, Dios convertido en nuestro padre ya sea que porque nuestro padre partió de este mundo cuando éramos muy pequeños o de plano porque nos abandonó o fue un padre ausente.

En estos casos contamos con este libro que nos conduce perfectamente para saber qué hacer con nuestra existencia. Nos auxilia grandemente a la hora de tomar las decisiones más importantes para nuestra vida, como el texto que hoy nos hace reflexionar sobre la necesidad de atender la sabiduría para ser sensato, maduro, reflexivo y prudente.

Salomón nos presenta uno de los grandes peligros en la vida de hombres y mujeres: el adulterio. Para evitarlo se necesita atender las enseñanzas de nuestro padre y a falta de éste de nuestro Padre celestial. Si lo oímos, podremos sortear este grave peligro que puede descomponer nuestra vida para siempre.

En la vida nos acechan toda clase de peligros y por ello requerimos consejos que debemos atender. De esa manera los sortearemos y evitaremos dañarnos y dañar a los demás. Atender lo que nos dicen nuestro papás nos librará de grande males que pueden cambiar nuestra vida para siempre.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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