La Biblia dice en Apocalipsis 21: 15-21

15 El que hablaba conmigo tenía una caña de medir, de oro, para medir la ciudad, sus puertas y su muro.16 La ciudad se halla establecida en cuadro, y su longitud es igual a su anchura; y él midió la ciudad con la caña, doce mil estadios; la longitud, la altura y la anchura de ella son iguales. 17 Y midió su muro, ciento cuarenta y cuatro codos, de medida de hombre, la cual es de ángel. 18 El material de su muro era de jaspe; pero la ciudad era de oro puro, semejante al vidrio limpio; 19 y los cimientos del muro de la ciudad estaban adornados con toda piedra preciosa. El primer cimiento era jaspe; el segundo, zafiro; el tercero, ágata; el cuarto, esmeralda; 20 el quinto, ónice; el sexto, cornalina; el séptimo, crisólito; el octavo, berilo; el noveno, topacio; el décimo, crisopraso; el undécimo, jacinto; el duodécimo, amatista. 21 Las doce puertas eran doce perlas;cada una de las puertas era una perla. Y la calle de la ciudad era de oro puro, transparente como vidrio.

Introducción

Cuando Juan escribe el libro de Apocalipsis la ciudad de Jerusalén ya había sido destruida. El general romano Tito Flavio, hijo del emperador Vespasiano, que estaba acantonado en Israel tomó la ciudad y la saqueó. El arco del triunfo que se localiza en Roma en honor suyo, luego de convertirse en emperador a la muerte de su padre dan cuenta de su personalidad feroz.

La iglesia contempló esa calamidad (La caída de Jerusalén) y observó la diáspora judía que a partir de ese momento se extendió por todo el mundo conocido y luego con el descubrimiento de América ampliaron su exilio al nuevo mundo que duró casi veinte siglos porque hasta hace apenas setenta años que regresaron a su patria.

Juan nos muestra la nueva Jerusalén no para suplantar la que hoy en día ha vuelto a renacer, sino para mostrarnos de manera simbólica la habitación de la iglesia y de Israel por la eternidad, una ciudad perfecta desde sus medidas hasta su material para mostrar que jamás será igual a lo terrenal.

La descripción que Juan hace de la nueva Jerusalén revela también medidas y materiales con la que estará construida. Según nos presenta el apóstol será una ciudad cuadrada con las mismas medidas de ancho y largo: doce mil estadios que convertidos en kilómetros ascienden a dos mil doscientos kilómetros. Es un cubo perfecto.

Luego nos dice Juan que tendrá una muralla de ciento cuarenta y cuatro codos que representa unos sesenta y cinco metro de altura que acompaña al cubo a manera de protección.

Desde la antigüedad los cubos han sido sinónimo de perfeccción, excelsitud y magnificencia y Juan recurre a esa idea para presentarnos en términos humanos lo que Dios le mostró en términos espirituales para que los lectores de su libro pudiéramos entender el mensaje que tenía que transmitir.

Juan busca de alguna manera hacer asequible la comprensión de lo que esta diciéndonos y por eso recurre a esta descripción que además de mencionar las medidas también menciona los materiales con los que está construida que son piedras preciosas de gran belleza como el oro y las perlas.

Son doce piedras las mencionadas por Juan, todas ellas eran utilizadas para el ornamento tanto de personas como de lugares o sitios para embellecerlos o realzar su hermosura, pero generalmente se hacían de uno en uno o un máximo de dos o tres, el hecho de mencionarlas a todas juntas apunta a la belleza absoluta o total.

El simbolismo al que recurre Juan es preciso para marcar con toda claridad su intención de presentar a la nueva Jerusalén como la ciudad perfecta, diseñada por Dios mismo para habitar con sus hijos.

Todos los judíos sabían perfectamente que el templo de Jerusalén fue destruido primero por Nabucodonosor en el 584 antes de Cristo y luego por el general romano Tito Flavio. Al momento de escribir el libro de la Revelación Juan sabía que era la segunda ocasión que la ciudad santa era arrasada y que los judíos tenía que ser exiliados de su patria.

La ciudad de Jerusalén siempre ha sido asediada. La historia da cuenta de esa situación. Los cruzados forman parte de esta verdad. El extenso viaje desde Roma hasta la ciudad de David revelan todos los acontecimientos que se han vivido en ese lugar que Dios escogió como su residencia en medio de Israel.

De hecho en estos días existe gran presión internacional por la recuperación de sus territorios de manos de los palestinos que utilizan toda clase de argumentos para exigir que los judíos detengan sus pretenciones aun cuando la comunidad internacional aprobó el retorno de Israel a su tierra.

La nueva Jerusalén: La perfección hecha realidad

A. Para que nunca más sea destruida
B. Para que los santos vivan sin yerros

Juan nos presenta la nueva Jerusalén, junto con la tierra y los cielos nuevos como la nueva habitación de los redimidos por Cristo. Y en el caso de la nueva Jerusalén la presenta perfecta. La ciudad del gran Rey es hermosa hoy en día, pero será todavía más majestuosa en la eternidad.

El énfasis de los versos que estamos estudiando busca resaltar justamente esa virtud de la santa ciudad de Sión.

A. Para que nunca más sea destruida

Si los judíos han sufrido en este mundo, ni que decir de su ciudad. Ha sido asediada, sitiada, destruida y reconstruida y pese a todo ello, hoy en día sigue allí, en la gran Tribulación volverá a ser atacada, según nos ha relatado el propio Juan cuando se ha referido al pueblo de Israel en el libro de Apocalipsis.

Esa es una verdad innegable. La ciudad de David, como también se le llama, ha pasado toda clase de adversidades, pero su futuro al igual que el del pueblo hebreo será glorioso y esplendoroso. Juan nos lleva a estas conclusiones cuando la describe para presentárnosla con una belleza excepcional.

Los cristianos del tiempo de Juan vivían perseguidos. Los romanos los confundían con los judíos porque pensaban que cristianismo y judaísmo era lo mismo, pero se equivocaban, sin embargo para el imperio la ciudad de Jerusalén resultaba incómoda porque era la ciudad del gran Rey, una categoría que solo ellos podían utilizar.

B. Para que los santos vivan sin yerros

La perfección ha sido un anhelo de todos los seres humanos. En las artes, en las ciencias, en los deportes y en todas las actividades se busca la perfección siempre. En la iglesia por supuesto que también ha sido siempre uno de los grandes anhelos y de hecho es el destino de los hijos de Dios.

Pablo escribía sobre los dones dados a la iglesia y su finalidad era justamente que todos llegaran a la estatura del varón perfecto. Es la aspiración de los creyentes ser perfectos como Cristo es perfecto y para ello debemos conocer la voluntad de Dios que es agradable y perfecta.

Juan nos conduce a todos a ese tema para hacernos ver que todo lo que ocurre en esta tierra tendrá un fin, pero la nueva Jerusalén o nuestro destino final es un lugar perfecto y bello, digno de ser la habitación que Dios compartirá con nosotros.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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