La Biblia dice en Colosenses 1:29

“Para esto trabajo y lucho con toda la fuerza y el poder que Cristo me da.”

Pablo trabajaba y luchaba por espacir el evangelio hasta el último rincón del mundo conocido en su época. Es interesante notar que el apóstol usa dos términos para referirse a su misión en este mundo: trabajaba y luchaba. Ambas palabras proceden de dos vocablos distintos en el griego. Para trabajo es kopiaó y para lucho es agónizomai.

La expresión kopiaó denota una clase de trabajo agotador. Se refiere a ese tipo de labor donde al término del mismo el cuerpo finaliza completamente agotado. Pablo hacía la obra evangelística poniendo o disponiendo hasta el último gramo de fuerza que tenía en su cuerpo, es decir dejando todo su ser en esa labor.

En tanto que la palabra “agónizomai”, de donde procede el vocablo agonizar, nos lleva a pensar en una batalla atlética o guerra donde se pone todo el esfuerzo hasta casi agonizar por la clase de presión a la que se ve sometida la persona que lucha o pelea para obtener la victoria.

Ambos vocablos nos ayudan a entender la clase de labor que Pablo desplegaba para llevar a los gentiles el mensaje de salvación que Cristo le encomendó. Lo hacía poniendo toda su dedicación, agotandose al grado de agonizar al faltarle sus fuerzas físicas con tal de lograr la meta que se propuso en su vida.

¿Cómo logró esta dinámica de vida? ¿Cómo pudo desplegar tal fuerza, siendo débil físicamente como se autodescribe en la carta a los Corintios? Nos lo dice en este mismo verso que meditamos: con la fuerza y el poder que Cristo le dio. No era él, era Cristo operando a través de él.

De nueva cuenta Pablo usa dos términos: fuerza y poder. Fuerza procede de la raíz griega “energeia” y poder de la raíz griega “dunamis”. De la primera palabra nace el vocablo energía. La palabra se refiere a una actividad sobrehumana que solo puede nacer del impulso que Dios le da a una persona.

Y la palabra dunamis nos lleva a pensar en la dinamita, algo explosivo o sumamente fuerte, capaz de derribar lo que parece inamovible. La palabra se relaciona directamente con el Espíritu Santo cuando se trata de establecer la necesidad de hacer la obra de Dios. Se hace siempre con el poder o dunamis del Señor.

Pablo nos dice en este verso que en nuestras fuerzas humanas jamás podremos hacer la obra del Señor. Necesitamos siempre su energía y su dinamita para poder trabajar hasta el último gramo de fuerza, como si estuviéramos peleando y necesitaramos ganar a como de lugar una competencia.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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