La Biblia dice en Santiago 1: 16-18

16 Amados hermanos míos, no erréis. 17 Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación. 18 Él, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas.

Introducción

La paternidad es una de las responsabilidades que Dios le delegó a los varones. A la mujer se le dio la labor de engendrar y dar vida, pero a los hombres se les entregó la obligación de convertirse en el proveedor del hogar, en la fuente de fortaleza en los momentos de tensión o tragedia y el máximo pedagogo para enseñar la resiliencia a sus hijos e hijas.

A diferencia de la madre, el padre es descrito y perfilado a lo largo de toda la Escritura como el responsable de conducir su hogar, el ser encargado de dirigir a sus hijos y hacer de ellos flechas para llevarlos hacia el mejor destino que pueda haber, en pocas palabras es el detonador de la realización de sus descendientes.

Hablar de la paternidad es hablar de una de las experiencias humanas más enriquecedoras o más devastadoras. Cuando el padre sabe el significado de la paternidad puede llevar a cabo su labor con los menos errores posibles, pero cuando los ignora puede generar una animadversión muy peligrosa.

Entonces, ¿existe la paternidad perfecta? Entre los hombres, los papás se pueden acercar a ella, pero la que es definitivamente sin error y sin equivocación es la que ejecuta Dios con nosotros. La Biblia establece con toda claridad que Dios es nuestro Padre y su paternidad no tiene ninguna clase de yerro.

Los padres humanos podemos aprender mucho de Dios si lo concebimos como Padre. En Él podemos descubrir cómo nos trata a nosotros y de esa misma manera nosotros debemos tratar a nuestros hijos.

Es un hecho irrefutable que los seres humanos que tuvimos una relación tirante con nuestros padres o papás humanos, tendremos grandes dificultades para concebir a Dios como nuestro progenitor porque pesará mucho la clase de relación que tuvimos con nuestro padre.

Sin embargo, Dios se presenta ante nosotros como un Padre de luz, no de oscuridad.
Santiago, el medio hermano de nuestro Señor Jesucristo escribió su carta en el primer siglo de nuestra era y le mostró a sus contemporáneos y a nosotros uno de los rasgos de Dios como Padre. Ya en el Antiguo Testamento Dios se había revelado como tal, pero en el Nuevo Testamento se verdad se afirma.

Santiago nos presenta a Dios como Padre en tres perspectivas o ángulos para que entendamos como es el Señor y como se conduce al decir que es nuestro Padre. Pero antes de ello, dice que no debemos errar. Se refiere a la equivocación de pensar o creer que las tentaciones, provocación de caer en el pecado, procede del Señor.

Dios jamás hará algo que nos dañe. Y mucho menos el pecado, al contrario de Dios solo recibimos bienes.

La paternidad perfecta

A. Que suple nuestras necesidades
B. Que no cambia con las circunstancias
C. Que es voluntaria

A. Que suple nuestras necesidades

La primera parte del verso diecisiete dice así: “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces.”

Santiago concibe a Dios como el padre de las luces. Algunas versiones dicen Padre de luz, otras como Padre, creador de los astros del cielo. Otras más como el Padre creador de la luz. De esta manera el autor de la carta quiere que sus lectores comprendan la naturaleza del Señor, usando su atributo de Creador y apuntado a la creación de la luz.

Dios es un ser de luz, que ilumina, que irradia su brillo en la oscuridad, luego entonces, en su persona nunca encontraremos ninguna clase de tenebra. Su naturaleza nunca estará asociada a la oscuridad, al contrario siempre nos conducirá a la luz para saber por donde nos dirigimos.

Son dos las cosas que bajan del cielo o descienden del Padre de las luces: 1. Toda buena dádiva y 2. Todo don perfecto. Parecen lo mismo, pero definitivamente son dos expresiones completamente distintas.

La palabra dádiva literalmente significa dar y en algunas versiones se traduce como un regalo. Eso quiere decir que Dios nos da buenos regalos. Que Él nunca nos va a obsequiar nada malo que nos haga daño.

La palabra don procede del vocablo “dóréma” que tiene el sentido de una concesión, algo que se concede, es decir algo que se nos da como una adjudicación, pero apuntando más que al regalo a quien lo da, en este caso Dios. Lo que Dios nos da es perfecto. Él sabe porque nos lo da y debemos entender que tiene un sentido de perfección y perfeccionamiento.

Aquí en esta palabra podemos entender claramente todo aquello que no parece justamente algo que viene del cielo, sino más bien algo dañino.

B. Que no cambia con las circunstancias

La segunda parte del verso diecisiete dice así: “en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.”

Dios no cambia. No varía para nada, no tiene un humor en la mañana y otro en la tarde. Dios es siempre el mismo. Santiago nos lleva así a otro de los atributos de Dios: su inmutabilidad, que es la capacidad y virtud que tiene de ser el mismo de ayer, hoy y por todos los siglos de los siglos.

Dios no es como los seres humanos que cambian fácilmente de opinión o que rápidamente pasan de un estado de ánimo a otro. Para nada. Dios se mantiene firme en sus promesas y si ha dicho que va a ser algo, lo cumple porque ni muta, ni se mueve un ápice. Si se comprometió con algo, claro que lo hará.

Él es un padre que cumple sus promesas que no deja a sus hijos o hijas con un mal sabor de boca porque dijo algo y no lo llevó a cabo. Santiago quiere que todos nosotros comprendamos que el Padre que tenemos en Dios lleva hasta las últimas consecuencias lo que ha comprometido.

C. Que es voluntaria

El verso dieciocho dice así: 18 Él, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas.

Santiago nos lleva a pensar en la paternidad de Dios con nosotros desde el punto de vista espiritual al señalar que nos hizo sus hijos al hacernos nacer de nuevo con la finalidad de que seamos primicias de sus criaturas. Eso quiere decir que el Señor nos dio vida en todos los órdenes, pero particularmente al perdonar nuestros pecados.

Quiero reflexionar en la palabra de su voluntad, para señalar que la decisión de darnos vida fue exclusivamente una determinación suya. Lo hizo voluntariamente, sin ninguna presión y tampoco sin ninguna clase de obligación. Como decimos en Oaxaca, le nació darnos vida a través de su palabra que es verdad.

Y lo hizo para ponernos en primerísimo lugar ante todas sus criaturas, es decir, nos dio una posición de privilegio.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

Deja tu comentario