La Biblia dice en Oseas 7:8

“Efraín se ha mezclado con otros pueblos. Efraín es como una torta cocida solamente por un lado.”

El profeta Oseas dirigió un discurso muy fuerte al reino del norte conocido como Efraín o Israel de tal magnitud que para acompañarlo el Señor le pidió que se casara con una prostituta para hacer ver el tamaño de la infidelidad del pueblo de Dios hacia su Creador y no quedara duda alguna de su desviación y rebeldía.

Una de las acusaciones contra el pueblo hebreo de los tiempos del vidente de Dios es que se habían mezclado con otros pueblos. La palabra “mezclado” procede de la raíz hebrea “balal” que se traduce también como confundir y desvanecer, lo que nos permite entender que Israel se asimiló a los pueblos en lugar de que los pueblos se asimilaran a ellos.

El contacto con los pueblos de Canaán los llevó a mezclarse, confundirse con ellos de tal manera que perdieron su identidad, es decir se desvanecieron ante ellos y luego de llegar a la tierra prometida era muy difícil descubrir o encontrar alguna diferencia entre ellos y los paganos.

Los israelitas no supieron o no quisieron mantener su fidelidad al Señor y eso los llevó a vivir con las demás naciones vecinas de su territorio como si no hubiera diferencia. Se volvieron igual que ellos, no se podía distinguir con claridad cuál de esos pueblos conocía al Señor porque se comportaban de idéntica manera como lo hacían los idolatras.

Pero lo que le pasó a ellos a menudo nos ocurre a nosotros cuando somos incapaces de marcar diferencia entre las personas que no conocen a Dios. En ocasiones llegamos a parecernos tanto al mundo que nuestra fe se confunde y la gente se interroga por qué somos incapaces de mantener nuestras convicciones.

Dios puso a su pueblo como lumbrera, pero ellos se arrinconaron en las tinieblas, los puso como ejemplo de un pueblo con el Dios verdadero, pero ellos optaron por la mentira de este mundo, los colocó como referente de la fidelidad a su Señor, pero ellos fueron inmensamente infieles.

Por eso los comparó con una torta cocida por un solo lado, es decir, incompleta en su propósito y así como un pan que solo esta cocido por un lado es imposible consumir, así ellos fueron incapaces de cumplir con el propósito por el cual Dios los ingresó a la tierra prometida.

Mezclarse con los inconversos nunca nos hará más consagrados. Dejarnos llevar por el mundo nos hará como un pan cocido a medias, imposible para el consumo humano.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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