La Biblia dice en Apocalipsis 22: 1-5

Después me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero. 2 En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones. 3 Y no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán, 4 y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes.

Introducción

Si el final de la historia de la humanidad concluye con cielos y tierra nuevos y con una Nueva Jerusalén, la restauración plena tiene que alcanzar al hombre y la mención del río de agua de vida y el árbol de la vida en estos veros van dirigidos directamente a la restauración completa de la vida del hombre.

La mención de esas dos figuras, el río de agua de vida y el árbol de la vida, no son ociosos, ni sin sentido, todo lo contrario Juan quiere dejar bien en claro que la perpetua insatisfacción del hombre será curada definitivamente con la presencia de Dios reinando sobre toda la humanidad.

Pero no solo eso, también Juan quiere dejar bien en claro que el árbol de la vida, perdido por el pecado de Adán en el huerto del Edén volverá a estar al alcance de los hombres cuando finalmente Dios y el Cordero se levanten reinando para siempre sobre toda la humanidad. Es una de las estampas más consoladoras del libro de Revelación.

Es impactante la mención en dos ocasiones del trono de Dios y del Cordero. En el versículo uno y en el verso tres encontramos mencionado el término “trono de Dios y el Cordero” así Juan nos presenta de manera conjunta al Padre y al Hijo en una clara demostración de que Cristo entregará el reino.

La primera carta a los Corintios 15: 24 dice al respecto:

Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia.

El libro de Apocalipsis nos señala con toda claridad el final que tendrá la humanidad. Sí será un final de juicio, claro, pero también de restauración de todo.

La plenitud de la nueva creación

A. Con el río de agua de vida
B. Con el árbol de la vida

Estamos terminando el libro de Apocalipsis. Juan reserva para el final dos elementos sustanciales en la trama de la salvación: el río de agua de vida y el árbol de la vida. De nueva cuenta nos regresa al inicio de todo. Nos regresa al Edén cuando el árbol de la vida estaba al alcance de Adán y Eva, antes de que pecaran.

Pero también nos hace reflexionar sobre el río de agua de vida, una figura retórica utilizada para ejemplificar la necesidad que tienen todos los seres humanos de sentirse satisfechos y plenos. Juan nos dice con estas dos figuras que no solo habrá un cielo nuevo y una tierra nueva y una nueva Jerusalén, sino también una vida nueva para todos los hijos de Dios.

Nos señala la plenitud de la nueva creación. Los hombres experimentarán lo que Adán y Eva experimentaron cuando estaban en el huerto del Edén, pero sin la presencia del mal, sino solo con la poderosa manifestación de Dios que colmará toda la ciudad y llenará completamente la vida de todos los seres humanos redimidos.

A. Con el río de agua de vida

Dice el verso uno de nuestro pasaje en estudio de la siguiente manera:

“Después me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero.”

En el Nuevo Testamento encontramos en dos ocasiones citada esta frase: la primera en Juan 4: 10 que dice de la siguiente manera:

“ Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva.”

Jesús le dirigió estas palabras a la mujer samaritana que había tenido cinco maridos y la última relación que había establecido era con un hombre que no era su marido, para hacerle notar la necesidad que tenía de sentirse satisfecha consigo misma. De reconocer su profunda necesidad de Dios para alcanzar la plenitud sin necesidad de absolutamente nada material.

Jesús le ofreció a ella la posibilidad de olvidarse de la insatisfacción y dejarse llenar por la presencia de Dios a través de ese recurso literario denominado “agua de vida” que él ofrecía gratuitamente a todo aquel o aquella que quisiera experimentar la vida plena que resultado de conocerlo.

Esta frase nos recuerda a todos que los seres humanos tenemos una gran necesidad de llenar nuestra vida con Dios para dejar de sentirnos vacíos porque ese vacío del alma se traduce en la búsqueda incesante de la felicidad a cualquier costo.

La segunda ocasión que encontramos mencionada la frase agua de vida es también en el evangelio de Juan 7:37-39 que dice así:

En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo:

Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. 38 El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.39 Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado.

De nueva cuenta la frase “agua viva” está asociada con la figura retórica “sed” para resaltar necesidad profunda del ser humano de llenar su vida con la presencia de Dios. Juan en la revelación nos muestra que el río saldrá del trono de Dios y del Cordero con esa agua de vida dispuesta para todos.

En otras palabras el hombre no tendrá ninguna necesidad interna. Habrá su corazón será lleno completamente y entonces experimentará la satisfacción que solo Dios puede darle.

B. Con el árbol de la vida

En Génesis 3: 22-24 encontramos el siguiente relato sobre el árbol de la vida:

22 Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre. 23 Y lo sacó Jehová del huerto del Edén, para que labrase la tierra de que fue tomado. 24 Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida.

Por este relato entendemos la línea del tiempo del árbol de la vida a lo largo de la historia de la redención: estaba sembrado en el huerto del Edén para que al comerlo el hombre tuviese vida para siempre.Dios lo resguardó para que el hombre no comiera de él después de haber pecado contra el Señor. Al pecar el hombre murió, pero en definitiva ese no era el plan de Dios y ese árbol de la vida vuelve a aparecer en el momento de la restauración definitiva.

En el verso dos de nuestro estudio Juan dice lo siguiente:

En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones.

Al final de toda la historia de la humanidad el árbol volverá a estar a disposición de todos los redimidos. Eso quiere decir que los salvos por la gracia de Jesucristo comenzarán una vida perdurable, una vida para siempre y nunca mas volverán a separarse de su Creador como fue la idea original del Señor.

Estamos ante una gran verdad: El hombre vivirá para siempre. Nunca más morirá, lo que nos debe hacer sentir con mucha dicha porque viviremos para siempre y lo haremos con satisfacción y sin ese vacío que hacia de la existencia una experiencia amarga, sin sentido y a veces hasta dolorosa.

La historia de la redención comienza con el hombre despreciando el don de Dios, las consecuencias de esta decisión fueron grandes, terribles y costosas, pero al final el árbol estará de nueva cuenta disponible para todos.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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