La Biblia dice en 1ª Corintios 9:25

Todos los atletas se imponen una dura disciplina. Ellos lo hacen para llevarse una corona que se marchita, nosotros, en cambio una que no se marchita.

Pablo usa el ejemplo de los deportistas que desde aquellos tiempos ya competían en diferentes disciplinas y que hoy hemos visto en los Juego Olímpicos en donde hombres y mujeres participan en algunas competencias que duran menos de un minuto, por ejemplo las carreras de cien metros planos, pero se entrenan por años para participar.

El común denominador de todos ellos es su férrea disciplina. Para correr, saltar, nadar, y pelear para competir ellos tienen que dejar muchas otras actividades para concentrarse exclusivamente en desarrollar no solo sus cuerpos, sino también su mente para que a la hora de participar puedan obtener una de las preseas.

Las historias de todos ellos está marcada por todo lo que tuvieron que dejar, por los placeres de los cuales se tuvieron que abstener con tal de alcanzar la gloria de una corona de olivo que unas semanas después se secaba y hoy reciben una medalla, que si bien les da fama y reconocimiento, pronto pasa al olvido y muchas veces ni su propia familia.

Pablo no esta demeritando de ningún modo a quienes dedican su vida a una actividad deportiva, al contrario usa el ejemplo de constancia, perseverancia, esfuerzo y disciplina para llevar a los creyentes a tener esa misma determinación con la fe en Jesús y de ningún modo permitir que nada los aparte de la gracia del Señor.

A los hijos de Dios les espera también un galardón, premio, recompensa o corona y por ese hecho deben imitar la disciplina de los deportistas y todavía ir un poco más allá porque recibirán una corona incorruptible, es decir un reconocimiento que perdurará por toda la eternidad.

Muchas de las historias de los atletas que compiten están llenas de esfuerzo, de pelear contra el destino, de remontar grandes adversidades y hasta de sobreponerse a la burla de amigos y familiares que nunca creyeron que ganarían algo. Eso es lo que Pablo quiere que hagamos nosotros también.

Que peleemos por nuestra fe, que nos sostengamos ante los problemas, que luchemos con todas nuestras fuerzas y que no desmayemos cuando las adversidades se plantan ante nuestra existencia. Que seamos con esos jóvenes y señoritas que vemos correr con fuerza, que vemos levantar kilos y kilos sacando fuerzas a veces de donde no tienen.

El premio que recibiremos vale mucho la pena.

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