La Biblia dice en Eclesiastés 7: 23-24

23 Todas estas cosas probé con sabiduría, diciendo: Seré sabio; pero la sabiduría se alejó de mí. 24 Lejos está lo que fue; y lo muy profundo, ¿quién lo hallará?

Introducción

La sabiduría bíblica es un don de Dios. Para llegar a ella debe existir una férrea voluntad del hombre. Salomón fue un hombre sabio. Se esforzó para obtenerla y gracias a su dedicación, pero sobre todo a la intervención divina alcanzó importantes avances que nos legó en los libros de Proverbios, Eclesiastés y Cantares.

Sin embargo en los versos que hoy meditaremos, Salomón se confiensa con sus lectores y reconoce que si bien alcanzó cierto grado de sabiduría, hubo aspectos que eran muy profundos y no pudo llegar a desentrañarlos y cuánto más sabio creía ser, en realidad más ignorante se sentía.

Llegamos ante una de las verdades más profundas del Predicador al buscar la sabiduría debemos admitir o reconocer que nunca podemos decir que la hemos alcanzado, que jamás llegaremos a ser lo suficientemente sabios como para sentirnos satisfechos y dejar de buscarla.

Las palabras que vierte Salomón nos inspiran para recordar que cuando sentimos que hemos llegado al tope al buscar la sabiduría, en realidad hemos comenzado el declive en nuestra aspiración para conocer mejor el sentido de la vida a través del Creador y eso nos pone en una situación endeble.

La sabiduría es una aspiración irrenunciable. Es un objetivo de vida que siempre debemos tener. Debemos ser incansables a la hora de ir detrás de ella. El texto que hoy nos comparte el predicador tiene ese sentido. De ningún modo busca desalentarnos al tener como meta ser sabios.

Al contrario desea que a pesar de los tropiezos que tengamos nosotros procuremos siempre mantener nuestro deseo de buscar a como de lugar la sabiduría recordando siempre que el principio de la sabiduría es el temor al Señor y que solo los necios desprecian la enseñanza y al amonestación.

El hombre se debate entre lo vano y lo eterno

Porque la sabiduría huye de él

A. Aunque la busca
B. La cual es profunda

Salomón hace una breve pausa para hacer una reflexión personal sobre los temas que ha hablado en los versos anteriores como la adversidad y la necesidad de enfrentarla con el mejor de los ánimos, la corrupción imperante en su tiempo para evitarla, la incertidumbre del mañana y la actitud ante ella, entre otros y nos ofrece un testimonio personal.

No debemos perder de vista que el autor del Eclesiastés es un hombre sumamente sabio, una sabiduría que Dios le entregó y que finalmente se acrecentó por su disciplina personal y su determinación de obedecer a Dios. De hecho la sabiduría es representad de una manera muy personal en Proverbios 8.

Tomo unos versos de ese capítulo. Proverbios 8: 1- 21

No clama la sabiduría, y da su voz la inteligencia? 2 En las alturas junto al camino, a las encrucijadas de las veredas se para; 3 En el lugar de las puertas, a la entrada de la ciudad, a la entrada de las puertas da voces: 4 Oh hombres, a vosotros clamo; dirijo mi voz a los hijos de los hombres. 5 Entended, oh simples, discreción; y vosotros, necios, entrad en cordura. 6 Oíd, porque hablaré cosas excelentes, y abriré mis labios para cosas rectas. 7 Porque mi boca hablará verdad, y la impiedad abominan mis labios. 8 Justas son todas las razones de mi boca; no hay en ellas cosa perversa ni torcida. 9 Todas ellas son rectas al que entiende, y razonables a los que han hallado sabiduría. 10 Recibid mi enseñanza, y no plata; y ciencia antes que el oro escogido. 11 Porque mejor es la sabiduría que las piedras preciosas; y todo cuanto se puede desear, no es de compararse con ella. 12 Yo, la sabiduría, habito con la cordura, y hallo la ciencia de los consejos. 13 El temor de Jehová es aborrecer el mal; la soberbia y la arrogancia, el mal camino, y la boca perversa, aborrezco. 14 Conmigo está el consejo y el buen juicio; yo soy la inteligencia; mío es el poder. 15 Por mí reinan los reyes, y los príncipes determinan justicia. 16 Por mí dominan los príncipes, y todos los gobernadores juzgan la tierra. 17 Yo amo a los que me aman,
y me hallan los que temprano me buscan. 18 Las riquezas y la honra están conmigo; riquezas duraderas, y justicia. 19 Mejor es mi fruto que el oro, y que el oro refinado; y mi rédito mejor que la plata escogida. 20 Por vereda de justicia guiaré, por en medio de sendas de juicio, 21 Para hacer que los que me aman tengan su heredad, y que yo llene sus tesoros.

Nos queda claro que no todos los hombres buscan la sabiduría, pero quienes asumen ese compromiso debe saber que están ante un gran desafío. Un desafío que encontramos planteado claramente en el libro de Job 28 que dice así:

Ciertamente la plata tiene sus veneros, y el oro lugar donde se refina. 2 El hierro se saca del polvo, y de la piedra se funde el cobre. 3 A las tinieblas ponen término, y examinan todo a la perfección, las piedras que hay en oscuridad y en sombra de muerte. 4 Abren minas lejos de lo habitado, en lugares olvidados, donde el pie no pasa. Son suspendidos y balanceados, lejos de los demás hombres. 5 De la tierra nace el pan, y debajo de ella está como convertida en fuego. 6 Lugar hay cuyas piedras son zafiro, y sus polvos de oro. 7 Senda que nunca la conoció ave, ni ojo de buitre la vio; 8 nunca la pisaron animales fieros, ni león pasó por ella. 9 En el pedernal puso su mano, y trastornó de raíz los montes. 10 De los peñascos cortó ríos, y sus ojos vieron todo lo preciado. 11 Detuvo los ríos en su nacimiento, e hizo salir a luz lo escondido. 12 Mas ¿dónde se hallará la sabiduría? ¿Dónde está el lugar de la inteligencia? 13 No conoce su valor el hombre, ni se halla en la tierra de los vivientes. 14 El abismo dice: no está en mí; Y el mar dijo: ni conmigo. 15 No se dará por oro, ni su precio será a peso de plata. 16 No puede ser apreciada con oro de Ofir, ni con ónice precioso, ni con zafiro. 17 El oro no se le igualará, ni el diamante, ni se cambiará por alhajas de oro fino. 18 No se hará mención de coral ni de perlas; la sabiduría es mejor que las piedras preciosas. 19 No se igualará con ella topacio de Etiopía; no se podrá apreciar con oro fino. 20 ¿De dónde, pues, vendrá la sabiduría?¿Y dónde está el lugar de la inteligencia? 21 Porque encubierta está a los ojos de todo viviente, y a toda ave del cielo es oculta. 22 El Abadón y la muerte dijeron: su fama hemos oído con nuestros oídos. 23 Dios entiende el camino de ella, y conoce su lugar. 24 Porque él mira hasta los fines de la tierra, y ve cuanto hay bajo los cielos. 25 Al dar peso al viento, y poner las aguas medida; 26 Cuando él dio ley a la lluvia, y camino al relámpago de los truenos, 27 entonces la veía él, y la manifestaba; la preparó y la descubrió también. 28 Y dijo al hombre: He aquí que el temor del Señor es la sabiduría, Y el apartarse del mal, la inteligencia.

A. Aunque la busca

Salomón dice lo siguiente en el verso veintitrés:

Todas estas cosas probé con sabiduría, diciendo: seré sabio; pero la sabiduría se alejó de mí.

Salomón fue un hombre que buscó la sabiduría y obtuvo grandes avances, pero tuvo que reconocer sus limitaciones. Es un hecho que sus palabras que nos dirige son para mantener siempre nuestro deseo de acercarnos e ir tras la sabiduría, no para desalentarnos o desanimarnos al tomar la determinación de seguirla.

Llegó un momento en la vida de este hombre que pensó que había llegado al ansiado fin del camino tras la sabiduría, pero cuando pensó eso en realidad descubrió que no tenía lo que pensaba tener.

B. La cual es profunda

El verso veinticuatro dice de la siguiente forma:

Lejos está lo que fue; y lo muy profundo, ¿quién lo hallará?

Salomón reconoció que la sabiduría es profunda, que no se encuentra a la mano y lo plasmó en el capítulo ocho del libro de Proverbios donde reconoce que en primer lugar las personas no se acercan a la sabiduría, de tal forma que ella clama en las calles para que la escuchen y la atiendan.

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