La Biblia dice en Proverbios 2:13

“Que dejan los caminos derechos, para andar por sendas tenebrosas.”

A lo largo del libro de Proverbios encontramos definida la vida de diversas maneras. Una de ellas es muy sencilla y simple, pero muy profunda a la vez: la vida se divide en caminos buenos y caminos malos. En sendas que llevan a la vida y en sendas que llevan a la muerte y el hombre ha de decidir que camino quiere tomar.

Salomón, un profundo observador de la conducta humana, hace un contraste de esa verdad en este verso que hoy meditamos. Dice el sabio rey de Israel que cuando se dejan los caminos derechos inevitablemente se anda por sendas tenebrosas. Es decir al dejar la buena conducta que viene de temer a Dios, el hombre se pierde en caminos de maldad.

Dios es luz y los que caminan con él caminan en luz, es decir tienen claridad del camino que toman, tienen una lumbrera que les permite ver en medio de la gran oscuridad que representa vivir en este mundo que vive sin luz y en el que tropezar resulta tan natural y común para las personas.

Pero cuando se deja esa luz, el hombre se dirige por sendas tenebrosas que tarde o temprano lo llevarán a un pozo sin fondo del que muy posiblemente nunca logre salir, a pesar de que le suplique a Dios que lo haga y no porque Dios no lo escuché, sino porque fue su decisión la que lo llevó allí.

Dejar el camino recto tiene como resultado lógico tomar un camino torcido y en ese camino se puede encontrar con toda clase de maldades como el que cometen los hombres que hablan iniquidades, que se huelgan en las perversidades del vicio y cuya vida se mueve entre sendas desviadas.

Salomón quiere dejar bien en claro que siempre será costoso seguir el camino recto porque implica vivir de acuerdo a los preceptos y mandamientos de Dios que requieren dejar nuestro estilo de vida para ajustarnos a sus demandas. Es evitar la maldad y a los malvados y todo aquello que ofende a Dios. Esa es la senda recta que tantos beneficios trae.

Todo ello es preferible que desviarnos del camino del Señor porque al hacerlo irremediablemente nos estamos dirigiendo a nuestra propia destrucción.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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