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viernes, julio 23, 2021
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La verdadera adoración

Dice la Biblia en Romanos 12: 1

“Así que hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.”

Me gusta cómo traduce la versión Biblia de la iglesia en América este texto: “Les ruego, hermanos, por la misericordia de Dios, que se ofrezcan ustedes mismos como sacrificio vivo, santo y agradable a él: ¡este es el auténtico culto!

Todavía más esclarecedor es la forma en que la Biblia en el lenguaje actual lo plasma en su versión: “Por eso, hermanos míos, ya que Dios es tan bueno con ustedes, les ruego que dediquen toda su vida a servirle y a hacer todo lo que a él le agrada. Así es como se le debe adorar.”

Me parece que presentados de esta forma el verso nos clarifica que en el cristianismo ciertamente se acabaron los sacrificios del Antiguo Testamento. Ya no hay que llevar machos cabríos, ni tampoco ovejas y mucho menos palomas u otro tipo de aves para que sean incineradas en el altar. El cristianismo se separó de esta forma del judaísmo.

En los capítulos nueve, diez y once, Pablo nos ofrece una estupenda y detallada explicación sobre el endurecimiento de Israel para que los gentiles sean salvos. La rendención de los paganos obedece exclusivamente a la bondad de Dios y por esa gran razón, los que antes eran idolatras ahora deben saber que no responden a un culto como el hebreo.

No. Ya no tenemos que llevar todas las ofrendas de Levítico. Ahora la ofrenda o sacrificio es cada persona. El cuerpo de cada uno de los creyentes se convierte de esa manera en el sacrificio que Dios demanda y al decir cuerpo no se limita al aspecto físico, sino que a la vida de cada persona. La vida de cada hijo de Dios es el sacrificio que ahora Dios demanda.

Y por eso lo debe presentar como un sacrificio vivo, como un sacrificio santo y como un sacrificio agradable a Dios. En el Antiguo Testamento se detalla claramente la manera que los hebreos debían llevar sus sacrificios al templo de Jerusalén, las razones y la periodicidad, pero en la gracia es la vida de cada uno de nosotros la que debemos entregarle a Dios.

Este es el verdadero culto o la verdadera forma de adorar a Dios. La vida de cada persona o cada creyente se convierte en el sacrificio que Dios demanda. Entregar nuestra vida incondicionalmente es el único requerimiento que debemos hacer porque para que eso ocurriera, el Señor apartó momentaneámente a su pueblo de sus planes.

La inmensa bondad de Dios al hacernos pueblo de él cuando no lo éramos, al sacarnos de la ignorancia espiritual e injertarnos en el olivo natural, se expresa o ratifica dedicando toda nuestra vida a servirle y a hacer todo lo que a él le agrada. Ese es el verdadero servicio a Dios. Todo lo demás es mero formalismo humano.

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