La Biblia dice en Abdías 1:10

Por la injuria a tu hermano Jacob te cubrirá vergüenza, y serás cortado para siempre.

Del nacimiento de los gemelos Esaú y Jacob se desprendieron dos naciones Edom e Israel, respectivamente. Y tal como Dios le dijo a Rebeca cuando consultó al Señor ante la pelea que libraban en su vientre y que hacían de su embarazo una dura etapa en su vida, el mayor sirve al menor porque la primogenitura de Esaú recayó en Jacob.

Los judíos han considerado desde siempre a los edomitas como los fundadores del imperio romano y siguen pensando que hoy en día Roma es descendencia de Esaú y el conflicto entre ambas naciones continúa sin tener pausa porque así lo anunció Dios a la madre de ellos y así está escrito en el libro de Génesis.

Este conflicto que comenzó hace miles de años, fue retomado por el profeta Abdías que en su pequeño libro de veintiún versículos porque los edomitas fueron enemigos acérrimos de los judíos y en el tiempo del vidente se portaron de manera alevosa contra ellos cuando fueron atacados por los babilonios.

En lugar de ayudarles o mantenerse al margen de la desgracia de los hebreos, los edomitas terminaron lo que el imperio babilónico no acabo entre el pueblo de Israel y por ello Dios les anuncia que por la injuria, es decir, por las palabras que dijeron, en contra de Israel, Dios los iba a castigar.

Dos cosas iban a suceder con ellos: la primera es que iban a ser cubiertos de vergüenza y la segunda es que serían cortados para siempre. Es evidente que el conflicto entre Jacob y Esaú continúan, ahora representados entre Israel y Roma. Israel es la tierra santa y Roma, la capital de una de las religiones con más seguidores en el mundo. Pero eso tendrá un fin.

La reflexión que podemos aprender de este verso es que todas las naciones que enfrentan a Israel sufrirán eso mismo. Así ocurrió en 1948 cuando la Organización de las Naciones Unidas decretó el retorno de los israelitas a Israel. Fueron avergonzados todos aquellos que pensaron que la nación escogida por Dios había desaparecido de los planes divinos.

Y finalmente, según nos enseña la Escritura, todos los enemigos de Israel, incluyendo a Edom o Roma serán puestos bajo el estrado de sus pies en una demostración que el pueblo escogido por Dios no tendrá adversarios que puedan contra ellos porque Dios conduce su destino y pelea por ellos.

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