La Biblia dice en Mateo 8: 25

“Entonces sus discípulos fueron a despertarlo, diciéndole: ¡Señor, sálvanos! ¡Nos estamos hundiendo!”

Jesús escogió a doce hombres para enseñarles una de las virtudes más difíciles de poseer en este mundo: confiar en Dios. Todos sabemos que es muy complicado entregar por completo nuestra vida al Creador esperando completamente en su cuidado y protección porque a nuestra vida llegan siempre o llegarán momentos de grandes dificultades. 

De todas las complicaciones que enfrentaremos en esta vida, aquellas que ponen en peligro nuestra vida son las que más tensión nos producen. Enfrentar la muerte, tenerla al lado o mirarla en la vida de otros siempre nos produce zozobra, miedos, temores, angustias, desesperación. 

Y Jesús seleccionó a doce hombres en los que nos podemos reflejar perfectamente porque a pesar de que vivieron hace casi dos mil años sus vivencias son muy parecidas a las de nosotros, hombres y mujeres de la edad digital, seres humanos de la época del conocimiento experimentamos cotidianamente miedosa pesar de los grandes avances tecnológicos de hoy en día. 

La historia de la tormenta en el mar de Galilea mientras Jesús descansaba de un intenso día de trabajo, nos muestra los grandes miedos que pueden hacer presa de nosotros y la actitud que podemos asumir a pesar de que tenemos a Jesús a nuestro lado. Nos agobia tanto el miedo de perder la vida que olvidamos que Jesús siempre tiene la última palabra. 

En esa barca los discípulos experimentaron mucho temor con todo y que Jesús iba con ellos porque se centraron en el problema y olvidaron que a su lado iba el Todopoderoso, el principio y el fin, perdieron de vista la grandeza de quien los había llamado, no tuvieron presente que Jesús les dio muchas muestras de su poder infinito. 

Y eso nos ocurre cotidianamente a todos. De pronto vamos con Jesús exigiéndole que nos salve, como si no supiera lo que estamos viviendo, como si ignorara nuestra profunda fragilidad, como si no tuviera cuidado de nuestra débil y efímera humanidad, en síntesis como si no estuviera enterado de que somos barro. 

La desesperación nos hace creer que Dios se ha olvidado de nosotros y tenemos que llegar ante él con gritos para que nos escuche y atienda, pero en realidad lo único que él desea es que confiemos siempre en su cuidado. Confiar es la virtud que más requerimos cultivar porque nuestra vida necesita de protección en un mundo lleno de oscuridad y maldad. 

Aprendamos esta capacidad para no desesperarnos, para no angustiarnos y no tener que importunar al Señor con nuestros miedos y terrores que como fantasmas nos acompañan en esta vida. 

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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